LA INDECISIÓN

LA INDECISIÓNRecuerdo que hace tiempo  vino a verme a la consulta una chica llamada Isabel. Estaba muy interesada en hacer terapia porque llevaba años con mucho estrés debido, según me contó, a que su puesto de directiva en una importante empresa le exigía una gran responsabilidad y estaba sometida a mucha presión. A esto había que añadirle la difícil situación familiar por la que estaba atravesando desde hacía más de un año, a causa de un largo y complicado proceso de divorcio.

Le expliqué en esa primera consulta en qué consiste la terapia cognitiva y ella, pese a que había recabado mucha información sobre esta terapia antes de venir a verme, me formuló innumerables e insistentes preguntas al respecto: la duración de la misma, el método que se empleaba, en qué consistían las tareas para casa, la eficacia del tratamiento…

Me comentó que había  indagado sobre muchas de las terapias que existían y que había concertado citas con varios psicólogos, pero que ninguna de las terapias le acababa de convencer, unas porque eran excesivamente largas, otras por estar demasiado centradas en el pasado…

Cuando terminamos la sesión, Isabel me dijo que debía marcharse de viaje un par de semanas a Sudamérica por temas de trabajo y que a su vuelta se pondría en contacto conmigo para empezar la terapia. Como era de esperar, nunca me llamó.

Isabel llevaba años investigando sobre psicología y sobre posibles terapias,  se había convertido en una auténtica experta en el tema, pero su miedo a no elegir la terapia adecuada, hacía que nunca se decidiera a empezar ninguna. No me lo dijo, pero seguramente consideraba catastrófico hacer una terapia que finalmente no acabara con su sufrimiento.

Hay muchas personas que, como Isabel, son incapaces de tomar cualquier tipo de decisión ya que creen que serían terribles las consecuencias de no hacer la elección correcta. Así, cualquier pequeña decisión, como por ejemplo, comprar o no unos zapatos, se puede convertir en un gran dilema existencial.

Hay quienes desean adquirir una casa y se pasan años visitando y descartando montones de viviendas en venta, sin acabar de lanzarse a comprar una. Creen que sería un auténtico drama decantarse por una casa y darse cuenta después de que no era la casa ideal.

No son menos frecuentes los casos de personas con pareja que mantienen a la vez una aventura amorosa. Es típico que estas personas vivan con la duda permanente de no saber si continuar con su compañero sentimental o romper la relación e iniciar una nueva vida con el amante. Están convencidos de que sería realmente horrible elegir a la persona equivocada.

Antes de tomar una decisión, es conveniente hacer un análisis de pros y contras de las diferentes opciones pero sin exagerar las posibles consecuencias negativas que se deriven de cada una de ellas. Recordemos que no hay prácticamente nada terrible en esta vida y que nuestro bienestar emocional no depende de la elección de una casa o de una pareja. Podemos ser felices en cualquier casa y con cualquier persona, siempre y cuando pensemos de manera racional y lógica, esto es lo verdaderamente importante.

Ninguna decisión es 100% buena ni 100% mala, la vida no es como un concurso de televisión, en el que si eliges una tarjeta te llevas un apartamento en la playa y si eliges otra vuelves a tu casa con las manos vacías, porque aunque tomemos una mala decisión, siempre podremos extraer algo positivo de ella.

Una decisión poco acertada nos da la posibilidad de aprender. Es decir, que equivocarnos no es un problema, ya que los errores no son fracasos sino excelentes lecciones que favorecen nuestro crecimiento personal. Ya lo decía Thomas Edison después de llevar a cabo centenares de intentos antes de inventar la bombilla: “No fracasé, solo descubrí 999 maneras de cómo no hacer una bombilla”.

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2 pensamientos en “LA INDECISIÓN

  1. Quiza esta entrada despiste al iniciarse con la historia de Isabel. A lo mejor, sus temores sobre no elegir una terapia adecuada son fundados. Y si tantas dudas tenia quiza se deba a que realmente, no necesitaba terapia alguna, o, mas sencillo, no tenia motivos para confiar en un psicologo desconocido.
    Desde luego, lo de ‘como era de esperar nunca llamo’ me parece que sobra. A lo mejor resulta, simplemente, que no le dio buena sensacion el psicologo. O mas aun: no quiso, no le apetecia llamar para decir que no, o la raptaron, o le toco la loteria o….Puede haber muchas razones. Si nos seguimos quedando en catalogar y enjuiciar, seguiremos igual.
    Si uno hace el ejercicio de preguntar en confianza, a personas que han estado en terapia, sobre si lo recomendarian y si le ha ayudado realmente con su sufrimiento, se puede sorprender de las respuestas.
    Saludos

  2. Uau Elias!! Osado y sincero, un buen cóctel!! Es verdad, tampoco pensé al leer la historia que Isabel era una indecisa. Me imagino que si ocupaba un cargo importante será lo contrario, que debía diariamente tomar decisiones… pero ya ves, el narcicismo del terapeuta se filtra aquí, no se dio el lugar de pensar que Isabel no la eligió porque no le agradó esa terapia, y seguía en la búsqueda de lo que en verdad la satisfaciera…

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