CULPABLES POR SENTIRNOS MAL

CULPABLES POR SENTIRNOS MALHace poco escuché la siguiente frase: “La gente normal no tiene problemas de ansiedad, ni ataques de pánico, ni depresión, ni nada de eso”. Según esta afirmación, he de confesar que no he conocido nunca a nadie normal, porque todas las personas con las que he tenido contacto a lo largo de mi vida, han experimentado, en algún u otro momento, depresión, ansiedad, culpa, vergüenza, rabia, pánico… Quien esté libre de emociones negativas insanas que tire la primera piedra.

Todos los seres humanos tenemos una tendencia innata a convertir mágicamente en necesario todo aquello que nos gusta mucho. De ahí provienen todos los malestares exagerados o emociones negativas insanas, por lo tanto, es difícil, por no decir imposible, no perturbarnos jamás.

Es deseable no tener problemas emocionales, pero si convertimos en necesidad ese deseo, habrá momentos en los que tengamos una doble perturbación: la ansiedad, la depresión, la ira…, y la culpa por tener esas emociones que pensamos que como personas cuerdas no deberíamos tener. Añadiremos, por tanto, sufrimiento al sufrimiento inicial.

La exigencia rígida y dogmática de estar siempre emocionalmente bien no va a impedir que en algún momento tengamos un problema emocional. Cuando esto ocurra, la exigencia de estar bien hará que nos parezca catastrófico el hecho de estar mal y, en consecuencia, pensaremos que es una debilidad nuestra y que somos seres defectuosos porque a las personas normales eso no les pasa. De tal manera que nos condenaremos y nos mortificaremos sin piedad.

Hay que restar importancia a estar mal, a todo el mundo le pasa y tampoco es el fin del mundo. Está claro que no es agradable tener ansiedad o estar deprimido, pero no es horrible. Aunque sea incómodo, lo podemos soportar tal y como hemos hecho en muchas otras ocasiones a lo largo de nuestra vida.

Nosotros somos mucho más que esa alteración emocional, es decir, que aunque estemos mal podemos hacerlo todo prácticamente igual. Es más, aunque ese malestar nos acompañara hasta el final de nuestros días, podríamos llevar una vida razonablemente feliz y plena.

Juan Ramón Jiménez es un buen ejemplo de esto. Durante toda su vida padeció innumerables depresiones que le obligaron a permanecer internado en diferentes sanatorios, a pesar de eso tuvo una vida provechosa. El escritor viajó, tuvo varias aventuras amorosas, conoció a gente muy interesante y creó una fantástica obra literaria.

Sentirnos culpables por perturbarnos, es como castigarnos por tener un resfriado y creer que somos seres con alguna tara por estar enfermos. No es lo deseable tener ansiedad como tampoco lo es tener una infección, pero el ser humano por el hecho de serlo, es susceptible de perturbarse y de enfermar.

Al igual que cuidamos nuestra salud física para enfermar lo menos posible, también podemos reducir la probabilidad de perturbarnos manteniendo un diálogo interno racional. Pero por muy fuertes que estemos física y emocionalmente no estamos completamente exentos de contraer una enfermedad o de alterarnos porque eso está en la naturaleza del ser humano.

No veamos nuestra perturbación como algo terrible, sino como algo normal que forma parte de la vida y que además nos da la oportunidad de conocernos mejor y de fortalecernos emocionalmente. Por muy bien que aprendamos a andar nos podemos caer, así que cuando eso ocurra, no nos quedaremos en el suelo lamentándonos y fustigándonos, sino que nos levantaremos y seguiremos nuestro camino.

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