LA INCERTIDUMBRE

LA INCERTIDUMBREEn este mundo no existen certezas absolutas ni garantías de nada, salvo de que tarde o temprano moriremos. La muerte es lo único que todos tenemos garantizado desde el mismo momento en que nacemos.

No hay certidumbre en nuestro día a día, desconocemos si en algún momento perderemos el trabajo, si nuestra pareja nos dejará, en qué momento enfermaremos, si volveremos a padecer la misma enfermedad que hace tiempo superamos, si sufriremos un accidente… Nadie nos puede garantizar que algo sucederá o que no sucederá.

De igual manera, tampoco hay certidumbre a nivel cósmico. Los científicos afirman que navegamos por el espacio sin ninguna seguridad, no nos pueden garantizar que uno de los muchos meteoritos o asteroides que existen no impacte algún día contra la tierra haciendo que ésta desaparezca. Aunque los expertos sean capaces de predecir este hecho, dudan que puedan impedir que suceda.

En la vida no hay certezas absolutas, pero sí probabilidades, lo que pasa es que cuando algo nos da mucho miedo no contemplamos las probabilidades reales de que eso suceda, el temor hace que veamos lo posible como muy probable. Si me aterra viajar en avión, por mucho que las estadísticas me confirmen que es el medio de transporte más seguro,   transformaré la posibilidad de tener un accidente aéreo en algo muy probable. Hay que intentar ser realistas y manejar las probabilidades de que algo suceda.

Es irracional pensar que necesitamos una vida exenta de incertidumbre para vivir felices. Si nos dijeran que tenemos que pasar una semana sin oxígeno o sin agua, ninguno de nosotros sobreviviríamos mucho tiempo, pero si de lo que tenemos que prescindir es de la certidumbre, podríamos pasar perfectamente sin ella el resto de nuestra existencia, por tanto, no se trata de ninguna necesidad. Millones de personas en el mundo viven felices a pesar de no contar con certezas absolutas y, hasta la fecha, nadie ha muerto de incertidumbre.

Por mucho que en algunos momentos pueda resultarnos un poco incómoda, en ningún caso la incertidumbre es insoportable ni terrible. Incluso no saber lo que nos sucederá mañana hace que la vida sea más emocionante. Imaginaos que al nacer nos dieran a cada uno de nosotros un diario con todos los acontecimientos que nos ocurrirán a lo largo de nuestra vida y la fecha exacta en que sucederán (incluida la fecha de nuestra muerte). La vida perdería gran parte de su encanto, sería como ver una película después de que nos hubieran informado de su duración y nos hubieran contado con todo lujo de detalles el argumento y el final.

Preocuparnos por hechos que en un futuro podrían ocurrir y que escapan de nuestro control, no solo no aumenta nuestro control sobre ellos, sino nos llena de ansiedad y nos hace perder tiempo y energía que bien podríamos emplear para realizar cosas provechosas en el momento presente y disfrutar de ellas.

La paz interior pasa por aceptar la incertidumbre y aprender a convivir con ella, para lo cual es importante convencernos en profundidad de que, a pesar de la ausencia de certezas absolutas, podemos ser felices y cuando sucedan las cosas, si es que llegan a suceder, ya nos ocuparemos de ellas.

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