LOS MIEDOS DE MATEO

LOS MIEDOS DE MATEOMateo era un joven con infinidad de miedos que limitaban considerablemente su vida. Temía cometer el más mínimo error, contraer una enfermedad grave, la soledad, las responsabilidades, el compromiso…

Sus padres eran personas con muchos temores y Mateo les culpaba de habérselos inculcado desde que era pequeño, estaba convencido de que si su educación hubiese sido otra, él no sería tan miedoso.

Harto del sufrimiento que sus temores le causaban, tomó la decisión de acabar con ellos. Lo primero que hizo fue intentar comprender cómo se originan, para lo cual recopiló toda la información posible acerca del tema (libros, artículos, ensayos, conferencias…). Al cabo de un tiempo entendió que era él, y no sus padres, el principal responsable de sus miedos, porque independientemente de cómo los hubiera adquirido, él era quien los mantenía.

Sus indagaciones le llevaron a descubrir también que lo que le convertía en esclavo de sus miedos eran los apegos o, lo que es lo mismo, las falsas necesidades y que solo alcanzaría la libertad si conseguía deshacerse de esos apegos.

Sus temores estaban muy arraigados porque durante años, de manera inconsciente, los había estado alimentado y reforzando, así que tuvo que llevar a cabo un intenso trabajo personal para intentar liberarse de ellos.

Tras meses de mucho esfuerzo, Mateo dejó de ver como terribles todas las cosas que antes le atemorizaban y llegó al convencimiento de que en realidad en la vida no había nada que temer.

Comprendió que cometer errores era la mejor manera de aprender, que aunque estuviera gravemente enfermo podría disfrutar de muchas cosas, que la soledad no era tan mala compañera, que las responsabilidades y compromisos no son terribles y, por tanto, si decidía no asumirlos sería solo porque no deseaba hacerlo pero no por miedo

Haber conseguido dejar atrás todos sus miedos le hizo experimentar una emocionante sensación de libertad y de sosiego. Se sentía feliz porque por fin comenzaba para él la vida que siempre había soñado, una vida gobernada por los deseos y no por los miedos.

Mateo disfrutaba de esa nueva vida, hasta que una noche se acostó y empezó a dar vueltas en la cama, estaba inquieto y no conseguía conciliar el sueño. De repente, le asaltó una emoción que conocía de sobra. No sabía cómo pero volvía a estar preso del miedo, aunque esta vez no se trataba de ninguno de sus antiguos temores, sino de uno nuevo: el miedo a perder su ansiada libertad.

Parafraseando a Anthony de Mello, incluso el suspirar por la libertad es una servidumbre. Nunca serás verdaderamente libre mientras te preocupe saber si lo eres o no lo eres. Sólo los satisfechos son libres.

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