FÁBULA DE LA FAMILIA Y EL BURRO

FABULA DE LA FAMILIA Y EL BURRO

Seguro que muchos de vosotros ya conocéis esta antigua fábula. A mí me gusta mucho porque transmite de manera clara y sencilla un mensaje de conviene tener siempre presente: independientemente de cómo nos comportemos siempre seremos criticados por alguien.

Había una vez un matrimonio con un hijo de doce años y un burro. 

Decidieron viajar, trabajar y conocer el mundo. 

Así, se fueron los tres con su burro. 

Al pasar por el primer pueblo, la gente comentaba:
“Mira ese chico mal educado; él arriba del burro y los pobres padres, ya grandes, llevándolo de las riendas”.

Entonces, la mujer le dijo a su esposo:
– No permitamos que la gente hable mal del niño.

El esposo lo bajó, y se subió él.

Al llegar al segundo pueblo, la gente murmuraba:
“Mira qué sinvergüenza ese tipo; deja que la criatura y la pobre mujer tiren del burro, mientras él va muy cómodo encima”.

Entonces, tomaron la decisión de subirla a ella al burro, mientras padre e hijo tiraban de las riendas.

Al pasar por el tercer pueblo, la gente comentaba:
“Pobre hombre, después de trabajar todo el día, debe llevar a la mujer sobre el burro… ¡Y pobre del hijo, qué le espera con esa madre!”

Se pusieron de acuerdo y decidieron subir los tres al burro para continuar su peregrinaje.

Al llegar al pueblo siguiente, escucharon que los pobladores decían:
“Son unas bestias, más bestias que el burro que los lleva… ¡Van a partirle la columna!”

Por último, decidieron bajarse los tres y caminar junto al burro.

Pero al pasar por el pueblo siguiente no podían creer lo que las voces decían sonrientes:
“Mira a esos tres idiotas: caminan, cuando tienen un burro que podría llevarlos”. 

Al igual que la familia de la fábula, nosotros tampoco podemos agradar a todo el mundo. No obstante, imaginemos que con esfuerzo pudiéramos lograr la aprobación de los demás, esto sería muy poco práctico porque tendríamos que invertir tanto tiempo y energía en este propósito que apenas podríamos dedicarnos a actividades productivas y placenteras.

Además, viviríamos con ansiedad ante la posibilidad de perder la aprobación de los demás una vez conseguida y nos deprimiríamos si finalmente alguien nos desaprobara.

Por otro lado, ¿ser aceptado por todo el mundo nos haría realmente felices? No, solo sería algo muy agradable pero no nos proporcionaría la verdadera felicidad.

En definitiva, como pretender agradar siempre a todo el mundo es un objetivo inalcanzable y tampoco podemos impedir ser criticados, lo mejor es actuar de la manera que consideremos más acertada para lograr nuestras metas y, sobre todo, aprender a ser fuertes ante los juicios negativos de los demás, esto se consigue comprendiendo que no necesitamos ser aceptados siempre por todo el mundo para ser felices. 

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