EL ABURRIMIENTO

EL ABURRIMIENTOAyer me encontré con una amiga a la que hacía tiempo que no veía. Empezamos a charlar de las vacaciones, del trabajo, y finalmente acabamos hablando de su hijo de diez años. Me contó que este año le había apuntado a natación, a Taekwondo y a baloncesto.

Le dije sorprendida: “¡Vaya, cuántas cosas hace!” y ella me contestó: “Bueno, eso entre semana, los sábados también va a fútbol. Es que no para quieto, es hiperactivo y necesita desfogarse”.

No me extraña nada que el hijo de mi amiga sufra de hiperactividad, a mí también me pasaría si tuviera que hacer tantas cosas. Muchas veces, sin darnos cuenta, arrastramos a los niños a nuestra acelerada forma de vida.

Estamos tan inmersos en la vorágine de las grandes ciudades que creemos que vivir atropelladamente es algo normal, pero lo cierto es que ese estilo de vida es completamente antinatural y nos conduce de cabeza a la neurosis.

En la cuidad no hay tiempo para nada, dormimos poco, nos sobrecargamos de actividades, comemos deprisa y mal… En un pueblo pequeño la vida es mucho más sosegada, se descansa más, la comida es casera, se hacen pocas cosas y lo mejor de todo: hay ratos en los que no hay nada que hacer, solo tomar el fresco sentado en la puerta de casa durante horas.

No solo es beneficioso frenar nuestro ritmo de vida sino también aburrirnos de vez en cuando. El aburrimiento en sí mismo no es malo, pero hay mucha gente que lo considera terrible y le tiene muchísimo miedo.

Hay quienes cuando digo que está bien, de vez en cuando, no hacer nada en absoluto, me contestan: “Pero es que eso muy aburrido”. Puede que al principio sea aburrido o un poco incómodo, pero por el momento nadie ha muerto de aburrimiento.

Otras personas me dicen: “Yo necesito hacer muchas cosas y estar entretenido porque si me aburro fumo más, bebo o me pego atracones de comida”.

Decirnos a nosotros mismos: No debería estar sin hacer nada, es terrible perder el tiempo de esta manera”, “Debería tener cosas interesantes que hacer”…, hace que sintamos ansiedad, pero si no nos decimos ese tipo de cosas, al cabo de un rato, la mente se relaja y podemos empezar a disfrutar de no hacer nada.

El aburrimiento nos proporciona tranquilidad y descanso. Además nos permite tomar conciencia de nuestra existencia y disfrutar el mero hecho de estar vivos, algo que normalmente no hacemos.

Por otro lado, también potencia la creatividad. Yo, por ejemplo, si no tuviera momentos de inactividad, difícilmente podría pensar sobre lo que escribiré en mi siguiente artículo, planificar nuevos proyectos, imaginar cómo será mi próximo cuadro (qué dibujaré, qué colores tendrá…), inventar una receta para hacer un postre diferente, planear un viaje (dónde me gustaría ir y qué me apetecería ver)…, o simplemente soñar despierta.

El aburrimiento es recomendable tanto para los adultos como para los niños, a estos es conveniente no sobreestimularles, enseñarles que hay momentos en la vida en los que toca aburrirse e inculcarles que el aburrimiento no es malo y que incluso es posible disfrutar de él.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s