DESPUÉS DEL PROCESO TERAPÉUTICO

RECAIDAS

Tras el proceso terapéutico, nos encontramos muy bien porque nos sentimos capaces de afrontar las adversidades, tenemos ganas de trabajar para conseguir nuestras metas y estamos dispuestos a disfrutar de la vida.

Aunque esto es así, es importante no pasar por alto un par de pensamientos poco racionales que podríamos llegar a tener:

-“Ahora me gusto mucho más a mí mismo porque me veo emocionalmente más fuerte que antes”.

No es muy acertado pensar de esta manera, a pesar de que a priori pueda parecer estupendo. Si nos gustamos más porque nos percibimos como personas emocionalmente más fuertes, ¿qué sucederá si en algún momento sufrimos una recaída? Pues que nos odiaremos y nos despreciaremos por ser débiles y, por tanto, veremos amenazada nuestra valía como persona, cuando en realidad, valemos exactamente lo mismo aunque recaigamos cien mil veces.

Es mucho mejor si lo que nos gusta, en lugar de todo nuestro ser, es solamente nuestra actual forma racional de pensar, de sentir y de actuar. Si pensamos así no nos estaremos valorando en función de lo que pensamos, sentimos o hacemos, y no nos castigaremos por tener una recaída.

Es fundamental aceptarnos tanto si, después de trabajo y práctica, hemos logrado un diálogo racional que nos permite sentir y actuar de manera constructiva, como si tenemos pensamientos irracionales, emociones negativas insanas y conductas disfuncionales. Nuestro valor como personas no depende de nada eso.

-“Pensar de manera racional y lógica me garantiza que nunca más volverán mis antiguos trastornos”.

El ser humano tiende de manera innata a la neurosis, es decir, a pensar de manera rígida y absolutista, y a convertir los deseos en necesidades. Por mucho que queramos nadie está absolutamente libre de perturbarse en algún momento de su vida, para que eso fuera así tendríamos que cambiar nuestra estructura biológica o nuestros genes.

Es importante saber que aunque hayamos logrado un cambio profundo e intenso, en un momento puntual, pueden aparecer de nuevo las creencias irracionales que nos producían ansiedad, depresión, estrés…, y que nos hacían actuar de manera disfuncional en el pasado.

Si no hemos trabajado suficientemente durante la terapia, habremos conseguido solo un cambio de creencias superficial, entonces será más probable que recaigamos, pero si por el contrario, hemos trabajado intensamente y con perseverancia, las posibilidades de recaída se reducen drásticamente.

Además, en caso de recaída, si hemos logrado un radical cambio de filosofía de vida, tendremos los recursos suficientes para minimizar las irracionalidades y, en consecuencia, volver a sentirnos bien en poco tiempo.

Resumiendo: hay que saber que valemos lo mismo tanto si nos encontramos perturbados, como si pensamos, sentimos y actuamos equilibradamente. Y destacar la importancia de trabajar con ahínco y perseverancia para cambiar a un nivel profundo las creencias irracionales, porque de esta manera reduciremos las probabilidades de recaída y si esta se produce, contaremos con las herramientas necesarias para superarla.

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