DISFRUTAR DEL TRABAJO

DISFRUTAR DEL TRABAJO

Cuando era una niña, Gabriela pasaba los fines de semana en una casa que sus padres tenían en medio del campo. El pueblo más cercano se encontraba a varios kilómetros y apenas tenían unos pocos vecinos que vivían en algunas casas desperdigadas no demasiado próximas a la suya.

A menudo uno de sus vecinos bajaba al pueblo con el coche para comprar el pan y otras provisiones, entonces Gabriela aprovechaba para ir con él y, con el dinero que tenía ahorrado, comprar golosinas que después vendería a sus vecinos y familiares.

Antes de ir al pueblo, les avisaba de que a su vuelta tendrían la oportunidad de comprar toda clase de chucherías (caramelos, chicles, gominolas, piruletas…) y que también podían aprovechar, si querían, para hacerle algún encargo.

Cuando regresaba de hacer su compra, improvisaba un puesto sobre unas piedras, donde colocaba la mercancía adquirida con sus correspondientes precios. Le encantaba mostrar a todos los que se acercaban lo que había comprado, regatear con ellos y anotar en un cuaderno las ganancias que iba obteniendo, pero lo que más le gustaba era charlar con la gente.

Algunas veces aparecía su abuelo y, sin negociar sobre el precio, le compraba todo lo que había en el tenderete. En ese momento Gabriela, por un lado, sentía alegría, pero por otro, algo de decepción. Había hecho un buen negocio pero la diversión se había acabado. Es cierto que le hacía ilusión ganar unas pesetas extras, pero era más divertido si debatía sobre el precio con los compradores y sobre todo si eso le permitía pasar un rato agradable hablando con ellos.

La principal motivación de Gabriela no era ganar dinero, sino disfrutar mientras vendía las golosinas. Si lo que nos motiva en el trabajo es el sueldo que recibimos a final de cada mes o demostrar lo buenos profesionales que somos, el día a día se nos hará tremendamente pesado y cuesta arriba, estaremos contando los minutos que faltan para salir cada día o para que llegue el fin de semana, las vacaciones…, y nos sentiremos insatisfechos, agotados y llenos de ansiedad. Merece la pena, por tanto, que nuestra motivación sea disfrutar del trabajo por muy monótono, rutinario o aburrido que, en un principio, nos pueda parecer. 

Todos y cada uno de los ámbitos de nuestra vida (laboral, familiar, de ocio…) nos ofrecen posibilidades para divertirnos y disfrutar de cada instante que nos ofrece la vida. Si entendemos que esto es así, dejaremos de considerar el trabajo como un mal necesario, y lo veremos como un lugar con infinidad de oportunidades de disfrute.

Un aspecto fundamental para poder disfrutar del trabajo, es evitar quejarnos de todo aquello que no podemos cambiar. A menudo tenemos la mala costumbre de lamentamos continuamente de los aspectos negativos de nuestro trabajo y de nuestros compañeros, ignorando los aspectos positivos. Con esta actitud, lejos de solucionar nada, lo único que conseguimos es amargarnos.

Si está en nuestra mano cambiar algo, hagámoslo, si no, dejemos de quejarnos y aceptémoslo.

Seguro que algunas de las cosas que nos disgustan de nuestro empleo las podemos modificar o mejorar, solo es cuestión de ser un poquito creativos, por ejemplo, introduciendo algunos cambios para realizar las tareas de la mejor manera posible o simplemente para llevarlas a cabo de forma distinta.

En cuanto al ambiente laboral, es importante dejar de criticar a nuestros compañeros y jefes (recordemos que nosotros tampoco somos perfectos) y tratar de focalizarnos en lo bueno que, como cualquier ser humano, tienen.

En personas con las que mantenemos una relación difícil y tirante, quizá nos cueste ver aspectos que nos agraden, pero con un poco de empeño los encontraremos y cuando eso sucede, automáticamente nuestra relación con ellas se transforma en algo mucho más relajado y fluido. Os invito a que lo probéis.

Además, si apostamos por la cooperación en lugar de fomentar la competencia no solo mejorará la relación con nuestros compañeros sino también el rendimiento.

En definitiva, si ponemos entusiasmo y ganas a lo que hacemos, conseguiremos mejorar nuestro trabajo y, lo que es más importante, disfrutar mientras lo hacemos.

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Un pensamiento en “DISFRUTAR DEL TRABAJO

  1. Este artículo me ha recordado a mi infancia, cuando también ponía mi mercadillo para vender algo. No era el hecho de ganar dinero, porque, evidentemente no ganabas nada, sino el hecho de acercarte al mundo de los adultos, imitarlos.
    Es un artículo precioso, y que invita a replantearnos nuestra actitud ante el trabajo diario. Deberíamos tenerlo en cuenta cada día al levantarnos por la mañana.
    Gracias.

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