LAS PRISAS

LAS PRISAS

Cada tarde al regresar a casa del trabajo, paso por delante de un pequeño quiosco donde venden flores. Ayer una niña de unos cinco o seis años se paró a contemplar unos ramos preciosos y dijo: “Mamá, ¡¡¡mira qué flores más bonitas!!!”. La madre sin ni siquiera mirar las flores, la cogió de la mano y empezó a tirar de ella: “Vamos, Alba, vamos”.

Así andamos por la vida, corriendo, corriendo, siempre corriendo y sin tiempo para nada. Cuando llegamos al trabajo estamos deseando que llegue la hora de salir, los lunes con ganas de que sea viernes, cuando cobramos contando los días que faltan para la próxima paga, cuando terminan las vacaciones soñando con las siguientes, etc., etc.

Esta sociedad ensalza la productividad y la eficiencia, se premia al que más produce y al que más rápido lo hace, en detrimento del disfrute. Esto sucede sobre todo en el mundo laboral, pero también en otros ámbitos. Por ejemplo, siempre me han llamado la atención los concursos de pintura rápida. La pintura, como cualquier otra actividad artística, tiene como finalidad el disfrute. Pintar consiste en sumergirse en el lienzo y crear formas, mezclar colores, buscar la luminosidad adecuada, conseguir la perspectiva correcta…, todo esto resulta tan absorbente que el tiempo parece detenerse. Entonces, ¿qué sentido tiene pintar a contrarreloj? ¿De qué sirve ser el pintor más rápido si no se disfruta del proceso?

Ir siempre con prisas de un lado a otro hace que con frecuencia estemos a todo y no estamos a nada. Esto dificulta gozar de la vida porque la clave para vivir plenamente radica en detenerse en el momento presente y disfrutar de él, sin pensar en lo próximo que tenemos que hacer y en el poco tiempo del que disponemos para ello. Debemos procurar tener los cinco sentidos puestos en aquello que estemos haciendo en cada momento, ya sea algo placentero o algo que no nos resulte tan agradable de realizar.

Muchas veces elaboramos una larga lista de actividades para llevar a cabo, pero el día solo dispone de 24 horas, por lo que o corremos como locos para intentar hacer todo lo que pretendemos o recortamos esa lista estableciendo prioridades. Seguro que podemos prescindir de muchas de las cosas que hacemos.

Estamos tan habituados a llevar un ritmo de vida frenético, que vivir exhaustos nos parece normal y no nos damos ni cuenta de lo perjudicial que esto resulta. La prisa es un factor, aunque no el único, desencadenante de estés y de ansiedad. Por lo tanto, levantar el pie del acelerador nos ayudará a sentirnos emocionalmente mejor y a disfrutar más sosegadamente de la vida.

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2 pensamientos en “LAS PRISAS

  1. Es cierto y estoy totalmente de acuerdo, llevamos un mundo en el que siempre vamos con prisas a todas partes y al final terminamos el día agotados y sin haber disfrutado de nada.
    Me ha encantado como lo enfocas y como explicas cada uno de los temas poniendo ejemplos de la vida cotidiana.
    Enhorabuena!!!!!!

  2. ¡Qué gran verdad! Yo misma soy muy criticada porque voy caminando lenta como un tortuga, también a la hora de comer lo hago con total tranquilidad… Pero es cierto, y lo sé porque lo experimento constantemente, que está muy mal visto. Hay que apresurarse siempre. Pero, ¿para qué?

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