LOS SADHUS

SADHUS

Los sadhus, también conocidos como hombres santos de la India, son los devotos ascetas de Shiva, dios hindú de la creación y la destrucción. Son personas muy respetadas, incluso veneradas, que deambulan por calles y bosques, sin permanecer mucho tiempo en el mismo sitio ya que creen que moverse mantiene el cuerpo en alerta y que, por el contrario, quedarse en un lugar les hace inactivos.

Son características sus melenas y barbas enmarañadas y las marcas que llevan pintadas en la frente, las cuales indican a qué secta o subsecta pertenecen. Algunos visten con una túnica color azafrán mientras que otros, los Nagas, llevan únicamente un pequeño taparrabos o van desnudos y cubiertos con cenizas para recordarse a sí mismos el fin y lo efímero de la naturaleza humana.

Consideran que el mundo material es una ilusión o “maya” y para alcanzar la iluminación rompen con el pasado y renuncian a todo lo mundano (casa, familia, posesiones, sexo…), de esta manera se concentran en la realidad más elevada. Es una especie de atajo espiritual para alcanzar la iluminación, ya que si no optaran por el camino de la penitencia, el desapego y la austeridad necesitarían muchas reencarnaciones para lograrla.

La vida de un sadhu exige llamativos y extremos actos de penitencia como por ejemplo permanecer de pie, sin sentarse ni acostarse, durante doce años, sostener un brazo en el aire a lo largo de décadas o enterrar la cabeza durante días para atrapar las almas que pasan.

¿Qué podemos aprender nosotros de estos monjes para fortalecernos emocionalmente?

Renunciar mentalmente a todo cuanto creemos necesitar: podemos practicar esa renuncia a través de ejercicios de visualización. Se trata de imaginarnos a nosotros mismos desprovistos de todo lo que poseemos (casa, dinero, pareja, trabajo, belleza…) y sintiéndonos bien haciendo cosas positivas por nosotros y por los demás.

Desapegarnos de la comodidad: sin llegar a los extremos mortificantes de estos ascetas y sin necesidad de autoinfligirnos excéntricas penitencias, sí podemos incluir en nuestra vida pequeñas dosis de incomodidad, esto sirve de entrenamiento para hacer frente de manera más serena a las incomodidades o dificultades que inevitablemente se presentarán a lo largo de nuestra vida.

Tener presente la muerte: sin duda el más efectivo de los ansiolíticos porque ayuda a relativizar todo cuanto nos sucede y a disfrutar con más intensidad de la vida. Podemos conseguirlo imaginándonos a nosotros mismos muertos, si lo hacemos con regularidad, llegará un momento en que eso nos permitirá evaluar las cosas de una manera más realista, ya que si la muerte es lo peor que nos ocurrirá, nada de lo que nos pueda pasar será tan terrible.

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Un pensamiento en “LOS SADHUS

  1. El artículo me ha encantado. Pero lo de no apegarnos a los material es bastante difícil. estamos rodeados de todo tipo de comodidades ¿cómo renunciar a ellas? Yo me apego a todas las que puedo, incluso me parecen vitales y cuando alguna me falla… me parece insoportable. Ya sé que debería prescindir de muchas cosas, pero es un poco complicado, porque cuando te encuentras mal emocionalmente, crees que es porque falta algo externo y no te paras a pensar qué es lo que falta pero dentro de ti, no fuera. Hay que llegar a cierto nivel de sabiduría para prescindir de todo.

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