¿QUÉ NECESITAMOS PARA SER FELICES?

ORFANATO INDIACuando alguien nos formula esta pregunta, respondemos sin titubear: “Salud, dinero y amor”, tal vez el orden pueda variar dependiendo de cada persona pero parece que, indiscutiblemente, consideramos estos tres ingredientes fundamentales en la receta de la felicidad.

Pues bien, yo hallé la respuesta hace algunos años en un viaje a India, allí viví la increíble experiencia de visitar un orfanato. Éste estaba situado en Agra, ciudad donde se encuentra el maravilloso Taj Mahal, y pertenecía a la congregación de las Misioneras de la Caridad, fundada por la madre Teresa de Calcuta.

Al entrar, tanto a mí como al resto de españoles con los que fui, nos impresionó el delicado estado de salud de algunos de los niños y las condiciones de extrema austeridad en las que vivían. Todos los del grupo éramos conscientes de que no íbamos a visitar un lugar como el hotel de cinco estrellas en el que nos alojábamos, pero aún así nos impactó ver a niños que carecían de cosas imprescindibles para nosotros: juguetes, camas confortables, habitaciones acogedoras, ropas bonitas…

Superado ese primer momento, comenzamos a jugar y a intentar hablar con los niños como buenamente podíamos (ni su inglés ni el nuestro eran demasiado buenos) y poco a poco fueron cogiendo confianza con nosotros. Unos se animaron a cantarnos alguna canción con coreografía incluida, mientras otros dibujaban con unos cuantos lápices de colores que tenían. También vimos a algunos realizando tareas de limpieza y a los mayores enseñando a los más pequeños a leer y escribir. Fuera, en el patio, algunos jugaban en los columpios.

Una amiga, al igual que otros compañeros de viaje, en un momento dado no pudo evitar que se le escapara alguna lágrima de emoción, cuando eso sucedió, uno de los pequeños le cogió la mano haciendo el ademán de que le acompañara al patio para que le diese un poco el aire y se sintiera mejor.

El niño no lograba comprender qué le pasaba a mi amiga ni por qué lloraba y en realidad tenía razón: no había ningún motivo.

Aquellos pequeños me enseñaron una importante lección: una vez cubiertas sus necesidades básicas (comida, agua, un techo y el cariño de las cuidadoras), no precisaban nada más para ser felices, les bastaba disfrutar al máximo de lo poco que tenían a su alcance y del amor de los demás.

La mayoría de nosotros no dudamos, si nuestra economía nos lo permite, en regalar a nuestros hijos todos los juguetes y aparatos tecnológicos que aparecen en el mercado, en apuntarles a cualquier actividad que deseen (ballet, piano, fútbol, natación…), en comprarles la mejor ropa, etc., etc.

En definitiva, intentamos satisfacer todos sus caprichos pensando que así serán más felices, pero lo cierto es que les estamos haciendo un flaco favor, porque de esta manera no solo no les hacemos más felices, sino que les convertimos en personas emocionalmente débiles. Lo saludable es enseñarles a no necesitar y a ser felices con muy poco.

La sociedad de consumo nos inculca que para alcanzar la felicidad necesitamos muchísimas cosas materiales: una casa en propiedad, un buen trabajo que nos permita ganar mucho dinero, un coche, un móvil último modelo… Nos convencen también de que hay cosas inmateriales sin las cuales difícilmente podremos ser felices: pareja, hijos, inteligencia, belleza, prestigio social, comodidad, seguridad, salud…

No se trata de desprendernos de todo lo que poseemos, sino de hacer una renuncia mental que nos permita disfrutar de todo aquello cuanto tenemos pero siendo conscientes de que si no lo tuviéramos podríamos ser igualmente felices.

Asimismo, tampoco es cuestión de no tener deseos, sino de no caer en la trampa de convertirlos en necesidades, porque cuantas más cosas creamos que necesitamos, más infelices seremos, ya que siempre nos faltará algo y si lo conseguimos tendremos miedo de perderlo. Si aligeramos la mochila de necesidades caminaremos mucho más ligeros y libres.

Tradicionalmente en las sociedades orientales, como por ejemplo la india, ha imperado el desapego, o lo que es lo mismo, necesitar muy poco para ser feliz. Por desgracia, poco a poco el consumismo está calando en estas sociedades, haciendo que aumente el número de personas convencidas de que más siempre es mejor, es decir, de que cuantas más cosas posean más felices serán.

No estaría de más que reflexionáramos sobre esta frase de San Francisco de Asís que yo suelo tener muy presente: “Necesito pocas cosas y las pocas que necesito, las necesito poco”.

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