EL ABC SECUNDARIO

ABC SECUNDARIOHace algunos meses viajé a Berlín para pasar unos días de vacaciones con una amiga, nada más llegar al hotel me sucedió algo que a continuación relataré y que me servirá para explicar en qué consiste el llamado, en terapia cognitiva, ABC secundario o perturbación secundaria. Esto no es otra cosa que sentirse mal por el hecho de experimentar cualquier tipo de malestar.

Nuestras vacaciones eran en realidad sólo dos días y medio, y mi amiga y yo pretendíamos aprovechar al máximo el poco tiempo del que disponíamos para visitar la ciudad.

Cuando llegamos al hotel, nos registramos y el recepcionista nos entregó la llave. Después, subimos a nuestra habitación y cuál fue mi sorpresa cuando al entrar al baño descubro que no sólo no hay los típicos botecitos de gel y champú, sino que tampoco hay toallas. Lo primero no me preocupaba porque íbamos bien provistas de esos productos, pero lo segundo sí.

Rápidamente comencé a pensar: “Ya es tarde y las tiendas seguramente estarán cerradas, además el hotel no está demasiado céntrico, por lo que tendremos que esperar hasta la mañana siguiente para ir al centro, buscar una tienda donde vendan toallas y comprar un par de ellas. Esto supondrá perder una mañana de nuestro preciado y escaso tiempo y por supuesto no ducharnos hasta el día siguiente a mediodía después de haber estado de viaje todo el día. ¡¡¡Qué rabia me da todo esto!!! ¡¡¡No lo puedo soportar!!! En un hotel debería haber toallas, es horrible tener que perder el tiempo buscando una tienda donde comprarlas…”.

Ese diálogo interno, completamente irracional, hizo que me fuera encendiendo cada vez más. Además, el hecho de darme cuenta de que me estaba enfadando excesivamente por algo tan absurdo, propició que mi ira aumentara: “No debería sentirme tan furibunda por algo así, es terrible que sienta rabia por no tener una toalla, soy completamente ridícula…”.

El esquema sería el siguiente:

ABC primario:

-Acontecimiento (A): No hay toallas en la habitación.

Pensamientos (B): Debería haber toallas, es intolerable que no haya.

Consecuencias emocionales (C): Rabia.

ABC secundario:

Acontecimiento (A): En el ABC secundario, A es la C del ABC primario: Rabia.

Pensamientos (B): No debería sentir rabia por esta situación.

Consecuencias emocionales (C): Más rabia.

Lo adecuado en ese momento era que empleara mi tiempo y mi energía no en negar mi rabia ni en expresarla, sino en tratar de reducirla, pero ¿cómo?

En primer lugar era preciso que me aceptara con ese malestar (ABC secundario):

“No soy ninguna estúpida por sentir rabia, tengo todo el derecho del mundo a sentirla porque no soy perfecta, nadie lo es. ¿Dónde está escrito que no pueda experimentar emociones negativas insanas? En ningún sitio, de hecho tener este tipo de emociones es normal, forma parte de la falibilidad del ser humano. No tengo menos valor como persona por sentir esa emoción, puesto que solo por el hecho de existir ya soy una persona valiosa, al margen de lo que piense, sienta o haga…”.

Después de dedicar unos momentos a aceptarme con ese sentimiento de rabia, esta se redujo considerablemente, ahora solo quedaba trabajar los pensamientos que estaban originando el malestar (ABC primario), para ello debía transformar las exigencias, que hacían que me sintiera insensatamente airada, en preferencias, que me permitieran sentirme racionalmente molesta:

Preferiría que hubiera toallas, pero si no hay tampoco es el fin del mundo ni una catástrofe mundial, solo es un pequeño inconveniente sin importancia, que no va a impedir que disfrute de mis vacaciones y además hasta tiene algo bueno: me llevaré a Madrid de recuerdo la toalla que compre. Puedo tolerar perfectamente la molestia que supone, en mi vida he soportado situaciones mucho peores…”.

Gracias a este diálogo interno racional, logré minimizar notablemente mi ira. Entonces, ya mucho más tranquila, bajé con mi amiga a recepción y le comentamos al mismo recepcionista que nos había atendido a nuestra llegada al hotel, que nos había resultado extraño no encontrar toallas en el baño. El recepcionista se disculpó y al momento nos entregó las tan deseadas toallas, sólo había sido un descuido del hotel.

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