SER MENOS QUE LOS DEMÁS

SER MENOS QUE LOS DEMASRecuerdo que de pequeña tenía una amiga en el colegio a la que, entre otras cosas, le daba muchísima vergüenza hablar con chicos, sentía pavor a hacer el ridículo cuando tenía que intervenir en clase, se moría de miedo con solo pensar en subir a una atracción

A pesar de eso, ella se forzaba a hablar con chicos cuando había ocasión, se ofrecía voluntaria cuando la maestra preguntaba algo en clase, si los demás montaban en las atracciones ella no se quedaba atrás… Muchas veces cuando se encontraba en una de esas situaciones lo pasaba tan mal, que acababa llorando a lágrima viva. Su valentía me parecía admirable, porque yo, lejos de enfrentarme a lo que me aterrorizaba, lo evitaba siempre que podía.

Con el tiempo me di cuenta de que lo que yo consideraba como algo digno de admiración, era solo algo que le hacía sufrir. Está bien tener una alta tolerancia a la incomodidad porque eso nos permite hacer cosas aunque requieran esfuerzo y no nos resulten cómodas, pero lanzarnos de cabeza a aquello que nos da miedo, por lo general, no hace que éste desaparezca. Es preferible trabajar las creencias irracionales que producen el miedo y así conseguir que disminuya.

En el caso de mi amiga, las creencias irracionales que subyacían a su comportamiento eran: “Tengo que ser simpática y agradable con los chicos, si me rechazaran sería espantoso”, “No debo meter la pata cuando hable en clase, ya que sería horrible que los demás se rieran de mí”, “No debería sufrir ningún percance cuando monte en una atracción, si eso sucediera sería terrible” y “Tengo que hacer todo lo que hacen mis compañeros aunque me dé pánico, si no seré menos que los demás”.

Era evidente que tenía diferentes miedos: al rechazo, a sufrir un accidente en una atracción…, pero su principal miedo era ser menos que los demás. Está bien tratar de superar los miedos, pero si no lo logramos tampoco es el fin del mundo, no por ello seremos menos que nadie y tampoco impedirá que seamos felices, porque aun así podremos hacer un sinfín de cosas para llevar una vida interesante.

No pasa nada si no somos capaces de intervenir en un curso por temor a hacer el ridículo o si no nos montamos en la montaña rusa porque nos da miedo. No somos por eso menos que nadie, nuestro valor como personas no es algo variable que dependa de la aprobación de los demás ni de nuestras cualidades, capacidades o logros, sino que se trata de algo fijo e inalterable. Todos somos valiosos por el mero hecho de ser seres humanos, al margen de si somos más o menos valientes o vergonzosos.

Quizá con el tiempo mi amiga haya perdido sus miedos porque sus exigencias se hayan transformado en preferencias: “Me gustaría que las personas del sexo opuesto no me rechazaran pero si eso sucede no sería una catástrofe mundial”, “Preferiría no hacer el ridículo pero si alguna vez lo hago no pasa nada, puedo soportarlo, es desagradable pero nada más”,  “Si subo a una atracción y tengo un accidente, pues mala suerte, de algo hay que morir”…

Pero si hoy en día sus miedos persisten, espero que al menos piense: “No necesito hacer cosas que me dan pánico o vergüenza solo para demostrar que soy capaz de hacerlas y conseguir así la aceptación de los demás, porque su aprobación en realidad no aporta valor a mi persona”.

Si actualmente esta es su forma de pensar, habrán quedado en la época escolar los malos ratos que pasaba intentando demostrar que no era menos que los demás.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s