SABER VIVIR, SABER ENVEJECER

EnvejecerRecuerdo que hace algún tiempo, fui con mis padres a la residencia en la que estaba mi abuela. Ese día, por casualidad, conocimos a un matrimonio muy mayor (ella tenía 91 y él 93). El hombre estaba, aparentemente, bastante en forma a pesar de la avanzada edad, ella en cambio, tenía serias dificultades para caminar y necesitaba utilizar una silla de ruedas para desplazarse.

Se acercaron a nosotros y empezamos a charlar. Nos contaron que llevaban muy pocos días viviendo en la residencia, por lo que, de momento, no conocían a mucha gente allí. Tras un rato de conversación, nos dijeron que él había trabajado durante toda su vida en una importante compañía aérea y eso les había permitido viajar muchísimo por todo el mundo. Recordaron anécdotas de sus viajes y narraron toda clase de historias divertidas sobre la gente que habían tenido la oportunidad de conocer a lo largo de sus largas vidas. Lo cierto es que pasamos una tarde muy agradable con esta pareja tan entrañable y jovial.

De repente la mujer dijo: “La verdad es que hemos disfrutado mucho de la vida, pero no echo de menos aquellos tiempos. Ahora hay que vivir lo que nos toca en este momento”. Eran conscientes de que, a pesar de su vitalidad, su estado ya no les permitía hacer grandes viajes ni asistir a fiestas hasta altas horas de la madruga como hacían cuando eran jóvenes, pero habían decidido ajustar sus vidas a sus limitaciones actuales, sin dejar de aprovechar cada oportunidad que la vida les brindaba y sin quejarse de nada. En estos momentos de su vida seguían disfrutando de multitud de cosas: de un tranquilo paseo, de una buena película, de la compañía de su pareja, de una interesante conversación, de una amena lectura, de la visita de un familiar, de hacer nuevas amistades en la residencia, de una mañana soleada en el jardín, de una partida de dominó…

En general nos aterra envejecer porque imaginamos que cuando lleguemos a mayores estaremos tan achacosos que no podremos disfrutar de nada, asociamos vejez con decadencia física e intelectual, y si bien es cierto que con la edad vamos perdiendo salud, no es menos verdad que ni la enfermedad ni la juventud tienen demasiado que ver con la felicidadHay quienes con veinte años y con una salud de hierro no disfrutan en absoluto de la vida y hay quienes con noventa y tantos, como el matrimonio de la residencia, llevan una vida intensa y feliz. Creer que envejecer o estar enfermos nos privará de una vida plena e interesante, además de no ser cierto, solo nos producirá angustia porque no está en nuestras manos ni detener el tiempo ni evitar enfermar en algún momento de nuestra vida.

Debemos asumir que a medida que vayamos cumpliendo años, habrá cosas a las que tendremos que renunciar, por ejemplo, aunque hayamos practicado deporte toda nuestra vida y conservemos una excelente forma física, no podremos pretender con una edad muy avanzada cruzar a nado el Amazonas o escalar el Everest. De nada sirve resistirnos al inevitable paso del tiempo, lamentamos por envejecer y por no poder realizar determinadas actividades, además de ser absurdo, nos llena de amargura. Lo sano es aceptarlo y centrarnos en disfrutar de todo lo que, dentro de nuestras posibilidades, sí podemos hacer.

La edad es irrelevante, lo realmente importante es mantener el entusiasmo, la pasión, la curiosidad y el interés por la vida, ese es el verdadero elixir de la juventud. Hemos de procurar, a cualquier edad, llevar a cabo proyectos que nos apasionen, disfrutar de antiguas aficiones y descubrir otras nuevas, hacer cosas artísticas, ayudar y colaborar con los demás, cuidar y ampliar las relaciones personales, aprender nuevos conocimientos y divertirnos cuanto podamos hasta el último día de nuestra existencia. ¿Cuánta gente joven conocemos incapaz de gozar así de la vida?

No quisiera terminar este post sin recordar un fragmento de una entrevista que en el congreso “Lo que de verdad importa” hicieron a Philippe Pozzo di Borgo (aristócrata francés tetrapléjico a causa de un accidente de parapente y cuya vida inspiró la película “Intocable”). Cuando le preguntaron si pensaba que la vida era bella, él contestó: “La vida es bella, está claro. Oí en la radio un periodista que hacía preguntas a una mujer de 98 años, y que no era muy listo, le decía: “Señora, ¿no está harta de vivir?”, a lo que la mujer contestó: “Me gusta el sabor del café por la mañana en el desayuno”. Y me parece que es una hermosa respuesta”. Esta filosofía es la que nos permitirá vivir con plenitud cada uno de los instantes de nuestra vida, independientemente de la edad que tengamos.

Lo triste no es envejecer, sino no haber vivido nunca con intensidad y pasión. Empecemos hoy mismo a disfrutar de la vida como si fuera el último día de nuestra existencia.

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