LAS COMPARACIONES, ¿ODIOSAS O NECESARIAS?

COMPARACIONESEl mundo está lleno de personas que poseen cosas que nosotros no tenemos, pueden ser cosas materiales (dinero, una casa en propiedad, un coche…) o inmateriales (pareja, salud, hijos, belleza, inteligencia, prestigio social, poder…), si al compararnos con esas personas nos sentimos mal porque disfrutan de algo que nosotros no tenemos, es que estamos dando excesiva importancia a cosas que en realidad no la tienen. Envidiamos a los que gozan de aquello que codiciamos porque lo consideramos necesario e imprescindible para alcanzar la felicidad.

Compararnos con los demás no es algo malo, de hecho en eso precisamente consiste una de las técnicas que la terapia cognitiva utiliza para lograr sustituir las creencias irracionales por otras racionales. Por ejemplo, si estoy convencido de que soy desgraciado porque no tengo pareja y que teniéndola me sentiré muy feliz, es bueno que me compare con otras personas para ver si ese pensamiento se ajusta a la realidad y por lo tanto debo mantenerlo, o si tengo que desecharlo en caso de que la experiencia me demuestre que no es válido, esto no es otra cosa que aplicar el método científico a la vida cotidiana.

Si echamos un vistazo a nuestro alrededor, observaremos que hay gente que con pareja es feliz y mucha otra que lo es sin ella. Además, también hay quien teniendo pareja no es feliz, por lo tanto los hechos nos demuestran que la creencia de que el amor sentimental nos hará felices, es falsa.

El problema no es compararnos con los demás, sino la tendencia que tenemos a compararnos mal, es decir, a tener en cuenta sólo a los que consideramos que están en mejor situación que nosotros, en realidad lo que pretendemos con eso no es poner a prueba nuestra creencia, sino confirmarla. En el caso de la pareja, solemos centrar nuestra atención en personas emparejadas que creemos que son felices, atribuyendo la causa de su felicidad al hecho de tener pareja, y pasar por alto a aquellos que tienen pareja y no son felices, y a los que están bien sin tenerla.

Si quiero saber si soy alta, baja o de estatura media respecto a las demás mujeres españolas, tendré que compararme con mujeres de todas las estaturas posibles, ya que si elijo solo aquellas que son más altas, me consideraré baja y si tengo en cuenta exclusivamente las que son más bajas, eso hará que me vea más alta de lo que soy en realidad. Por lo tanto, si solo tengo en cuenta determinadas estaturas, la muestra no será válida y me llevará a conclusiones erróneas.

Realizar de manera habitual una correcta comparación, nos ayudará a convertir nuestras necesidades en deseos, porque nos daremos cuenta de que hay quienes, sin tener eso que para nosotros es indispensable, llevan una vida interesante y se sienten bien. Esas personas deberían servirnos de modelo para entender que si ellos pueden prescindir de eso y disfrutar de la vida, nosotros también podemos, no son superhéroes ni están hechos de otra pasta, la única diferencia entre ellos y nosotros es el diálogo interno acerca de esa necesidad o deseo. Por ejemplo, la persona para la que tener pareja es una necesidad, pensará: “Necesito tener a mi lado a alguien que me quiera para ser feliz, de lo contrario seré un desgraciado”, pero alguien que lo considere tan solo un deseo, tendrá el siguiente pensamiento: “Me encantaría tener pareja, pero si no la tengo o la pierdo no pasa nada, aun así puedo ser muy feliz”. Esta persona no envidiará a alguien con pareja porque sabe que es algo de lo que perfectamente se puede prescindir y ser feliz.

Si conseguirnos convencernos a nivel profundo de que hay muy pocas cosas realmente necesarias para el ser humano: comida, agua, oxígeno, dormir, un techo bajo el que resguardarnos del mal tiempo y poco más, no nos producirá ningún malestar compararnos con personas que tienen cosas de las que nosotros carecemos, porque sabremos que no son necesarias para disfrutar de la vida y sentir bienestar emocional, de hecho cuantas menos necesidades inventadas tengamos mejor nos sentiremos.

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