LOS VIAJES DE MARÍA

ANSIEDAD POR TENER ANSIEDAD

Cada verano, María organizaba un viaje fuera de España con sus amigas, viajar era una de sus pasiones, a pesar de que la idea de coger un avión nunca le había hecho demasiada gracia. Con el tiempo, el miedo que le producía la idea de volar había aumentado tanto que se había convertido para ella en un auténtico problema.

En una ocasión, justo antes de embarcar, sintió tanta ansiedad que decidió recurrir a los ansiolíticos, al cabo de un rato se sintió mejor y pudo hacer su viaje, pero esto reforzó su creencia de que ella sola, sin ayuda, en este caso de la medicación, era incapaz de hacer frente a una situación que ella evaluaba como horrible.

Al verano siguiente, María, dispuesta a disfrutar de sus vacaciones, se presentó en el aeropuerto, pero en esta ocasión, bloqueada por el intenso miedo, se vio completamente incapaz de subir al avión, así que se dio media vuelta y regresó a su casa. La conducta de evitación le produjo, como era de esperar, un enorme alivio inmediato. Evitar, al igual que tomar ansiolíticos, proporcionan en el momento una gran sensación de bienestar pero a la larga alimentan y perpetúan el miedo.

María no quería renunciar a sus viajes pero estaba harta de que sus vacaciones se hubieran convertido en un auténtico suplicio, por lo que tomó la decisión de acudir a consulta. Tras unos meses de terapia, y aunque había conseguido que su ansiedad disminuyera considerablemente, seguía existiendo algo que le impedía coger un avión.

Se quejaba de que su miedo no había desaparecido por completo, aseguraba que para volar necesitaba que se quedara a cero. Se sentía ansiosa por sentir todavía un poco de ansiedad. Su tolerancia a la incomodidad empezó a aumentar cuando comprendió que con un poco de ansiedad podía hacer un viaje en avión o cualquier otra cosa, la ansiedad no mata, solo es un poco desagradable pero se puede tolerar, es como llevar una china en el zapato, es incómodo pero puedes seguir caminando.

A veces, como le pasaba a María, dejamos de hacer cosas para evitar la incomodidad que supone sentir un poco de ansiedad, vergüenza, miedo, pereza, dolor, cansancio, tristeza… Si nos metemos esas sensaciones en el bolsillo, como hacemos con nuestras llaves, notaremos que están ahí y quizás nos molesten un poco, pero no impedirán que hagamos todo lo que tenemos que hacer, además, al cabo de un rato apenas nos daremos cuenta de que estábamos cansados, tristes, ansiosos… Para disfrutar de la vida, no hay que esperar a encontrarnos completamente bien física y emocionalmente, vivamos y nos sentiremos bien aunque a veces nos sintamos mal.

Por otro lado, María logró aceptarse a sí misma con ese malestar, entendió que tener ansiedad no le restaba valor como persona porque ella era mucho más que esa sensación desagradable. Nadie es perfecto, todo el mundo tiene alguna debilidad física o emocional (poca inteligencia, torpeza, dolor crónico, ansiedad…). Esto forma parte del ser humano, pero no le desvaloriza en absoluto.

Finalmente María, se decidió a hacer un viaje en avión con sus amigas y… con un poquito de ansiedad.

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Un pensamiento en “LOS VIAJES DE MARÍA

  1. Hola. Eso me recuerda la hermana de una amiga que también se llama Pilar… que gracioso. Yo estoy completamente de acuerdo contigo. No hay que evitar los problemas sino enfrentarlos con medios sanos y apoyo constructivo. Saludos. Y.

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