LAS ADICCIONES

ADICCIONES

En nuestra sociedad crece de manera alarmante el número de personas con algún tipo de adicción: al trabajo, al alcohol, a la comida, al sexo, al juego, a internet, a las compras… Hablamos de adicción y no de uso o abuso, cuando cualquiera de estas sustancias o hábitos se convierten en necesarios o imprescindibles para la persona adicta, la cual no concibe su vida sin esas fuentes de seguridad y/o placer.

La finalidad de cualquier adicción es tapar algún malestar emocional (depresión, rabia, ansiedad, culpa, soledad, miedo…). En un principio la persona, gracias a la adicción, se encuentra muy bien porque experimenta un alivio inmediato de su sufrimiento, pero a la larga, la que parece ser la solución a su malestar se transforma en el auténtico problema, con nefastas consecuencias (pérdida de amistades sanas y de interés por actividades que hasta ahora eran placenteras, mentiras, ansiedad, obsesión por la adicción, incumplimiento de obligaciones…).

Generalmente las personas que caen en la trampa de las adicciones suelen tener una baja tolerancia a la frustración y a la incomodidad, y una no autoaceptación incondicional:

Baja tolerancia a la frustración y a la incomodidad: las personas con adicciones tienen miedo a sentirse mal y son incapaces de aguantar el malestar emocional. A veces el simple hecho de estar sin hacer nada, produce en el adicto un malestar que le empuja a la adicción, considera el aburrimiento como algo terrible e insoportable.

Además creen que en la vida todo debería ser como ellos quieren y que aquello que desean tendrían que conseguirlo fácilmente y sin esfuerzo. Los adictos sufren de urgencia hedonista, buscan la satisfacción inmediata y prefieren no pasar ninguna incomodidad a corto plazo aunque eso suponga renunciar a una gratificación mayor en el futuro.

No autoaceptación incondicional: los adictos tienen miedo a equivocarse, a no ser perfectos, a no estar a la altura, a ser menos que los demás…

No quiero dejar de mencionar la dependencia emocional a la pareja, la cual contiene un componente afectivo que nos hace ser más permisivos con esta adicción que con el resto. La persona emocionalmente dependiente se involucra en relaciones sin pies ni cabeza que le causan un enorme sufrimiento. Pese a ser consciente de estar manteniendo una relación inadecuada, es incapaz de renunciar a ella, es más, cada vez dedica más tiempo, esfuerzo y pensamientos a la pareja, hasta el punto de que todo gira en torno a ella. Se llega incluso a producir, en caso de ruptura, el síndrome de abstinencia (desesperación, dificultad para conciliar el sueño, pensamientos obsesivos, intentos de retomar la relación, depresión…).

Si queremos dejar atrás las adicciones y convertirnos en personas libres y emocionalmente fuertes que no necesitan “tapaderas”, la solución pasa por pedir ayuda para aceptar la frustración y el malestar como parte de la vida (a veces nos tocará pasarlo mal pero es normal y perfectamente soportable), perder el miedo al aburrimiento (tal vez puede resultar un poco incómodo pero nunca perjudicial) y autoaceptarnos incondicionalmente.

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5 pensamientos en “LAS ADICCIONES

  1. Estoy de acuerdo, lo malo de las adicciones es que no sabemos que lo son, como el móvil. Lo encontramos muy necesario, cuando en realidad podemos prescindir absolutamente de él, porque siempre estamos comunicados. Además de ser un trasto completamente inútil y molesto, lo peor sucede cuando se lo damos a nuestros hijos desde pequeños, con ello estamos creando personas dependientes de esos y de otros aparatos que son perjudiciales para el desarrollo emocional de cualquier persona, en su lugar deberíamos educarles en la adicción a la lectura; es muy fácil, en lugar de darles un móvil, les damos un libro. Ya sé que no es tan atractivo para ellos, pero a la larga y con un poco de paciencia por parte de los padres, lo será.

    • Eso es, Paulina, el ser humano es así, tiene la facilidad de engancharse a casi cualquier cosa (alcohol, tabaco, juego, relaciones…), pero lo importante es que cualquier adicción, con un buen trabajo terapéutico, se puede superar.
      Un abrazo.
      Pilar

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