¿PUEDE UN TRABAJO HACERNOS FELICES?

TrabajoHay quienes consideran su trabajo como una auténtica pérdida de tiempo, una pesada obligación a la que dedican muchas horas sin que realmente les aporte gran cosa. Se sienten poco valorados, aburridos y desmotivados, con la sensación de estar malgastando su vida. No es de extrañar que estas personas a menudo fantaseen con una ocupación más vocacional que les permita desarrollar sus talentos o con un trabajo mejor remunerado, con un horario a medida, sin tanta presión, sin jefes… ¿Quién no ha soñado alguna vez con poder convertir su pasión en su profesión o con mandar todo al garete y marcharse al campo a cultivar hortalizas?

No niego que si nos dedicamos a algo que nos apasiona nos sintamos más contentos y satisfechos, pero, ¿qué tiene que ver la satisfacción con la felicidad? No hay que olvidar que la felicidad radica en un diálogo interno racional y no en un trabajo fantástico, una pareja maravillosa o en una sustanciosa cuenta bancaria. Sin embargo, a menudo caemos en la trampa de creer que sufrimos a causa de las circunstancias externas (un trabajo tedioso, una pareja poco cariñosa, dificultades económicas, una salud delicada…) y que si éstas cambiasen seríamos felices.

Si, por ejemplo, estamos convencidos de que el trabajo es el culpable de nuestra infelicidad y decidimos cambiar de ocupación con la esperanza de sentirnos libres, plenos y realizados, es cuestión de tiempo que nos decepcionemos y comencemos a buscar desesperadamente otras fuentes de gratificación que nos proporcionen lo que no hemos podido encontrar en el nuevo trabajo.

Generalmente eludimos la responsabilidad de nuestro bienestar emocional y atribuimos el poder de hacernos felices a un trabajo “perfecto” (o a cualquier otra cosa). Pero, ¿puede un trabajo aportarnos serenidad o calma mental? ¿Puede protegernos de cualquier perturbación emocional y transformarnos en personas fuertes que no exageran negativamente las adversidades? ¿Puede hacer que nos sintamos en armonía con la existencia? ¿Puede contribuir a que apreciemos lo que poseemos y a no quejarnos por lo que nos falta? ¿Puede ayudarnos a disfrutar de cada instante, de cada cosa que tenemos entre manos, viviendo plenamente en el aquí y el ahora?…

Por muy ideal y gratificante que sea lo externo no tendrá nunca la capacidad de hacernos felices si no lo somos ya, puesto que la felicidad es un estado de paz interior que se consigue no necesitando lo que no es realmente necesario, valorando lo que se tiene y disfrutando de las pequeñas cosas. Con una mente sana estaremos bien en cualquier situación y, por supuesto, en cualquier trabajo; esto no quiere decir que no intentemos cambiar de ocupación en un momento dado, pero lo haremos únicamente por el deseo de trabajar en algo que nos guste más y no por la necesidad de huir de aquello que creemos que nos tiene amargados.

Cambiar las circunstancias externas de nuestra vida no nos liberará de nuestro estado de infelicidad y tampoco nos conducirá al bienestar emocional, porque como muy acertadamente dijo el psicólogo Anthony de Mello“Si lo que buscas es la felicidad, ya puedes dejar de malgastar tus energías tratando de remediar tu calvicie, o de conseguir una figura atractiva, o de cambiar de casa, de trabajo, de comunidad, de forma de vivir o incluso de personalidad. ¿No te das cuenta de que podrías cambiar todo eso, tener la mejor de las apariencias, la más encantadora personalidad, vivir en el lugar más hermoso del mundo… y, a pesar de ello, seguir siendo infeliz?”.

“SE PUEDE APRENDER A CAMBIAR”

CARTA

A continuación os dejo el mensaje que una paciente, ya casi ex paciente, se ha ofrecido muy generosamente a compartir: todos podemos, a cualquier edad, dar un giro radical a nuestra forma de pensar y convertirnos en personas emocionalmente más fuertes y felices.

Transformarse es posible, es real.

También es real que la primera en dudarlo es nuestra mente que pondrá todas las resistencias al cambio.

Nos puede sonar mal. Mover nuestros propios cimientos, nos da miedo remover, replantear discutirnos. Creemos que son nuestras bases y principios, como hemos pensado siempre, de toda la vida. Es nuestro carácter, también lo que nos han enseñado.

Pero la mayoría son convencionalismos, son creencias muy arraigadas necesidades que nos hemos inventado, pero lo que es más importante: nos lo creemos hasta el fondo y las defendemos; aunque nos sintamos unos desgraciados, inferiores, perdidos aunque estemos muy mal nos cuesta creer que podemos cambiar.

Soy una mujer madura, pasados un poco los 50 y en éstos últimos años he arrastrado una depresión importante, donde campaba toda la debilidad el temor a estar sola y muchos miedos. Porque cuando terribilizamos el miedo se amplifica invasivo.

Tuve que tocar fondo para reaccionar. Nos pasa mucho a los humanos ¡Menos mal que no esperé a estar enferma grave o a un accidente! -también pasa a los humanos- para lanzarme a decirme: No puedo seguir ahogada. Mi vida consistía “…en intentar salir a flote, hundirme, sacar la cabeza un instante para tomar aire, tragar  mucha agua salada y seguir una lucha sin fín…” Mi salud mental se convirtió entonces en una prioridad en todos los sentidos ¿Había algo más importante, algo más que yo misma? ¿Acaso lo hay?

La Terapia Cognitiva tiene muchas cosas que me gustan pero una de ellas es que el cambio sólo puedes hacerlo tú misma; con un método con honestidad y mucho trabajo, y después perseverar. He necesitado casi un año intenso de trabajo interior para curarme de la depresión, de la dependencia emocional. Ahora es mi forma de pensar por tanto de vivir. Yo me demostré a mí misma que No necesitaba a nadie, para ser feliz. Así de fácil, algo aparentemente tan tonto, tan elemental, tan evidente pero tan esencial. Pues a mí me pasaba, hasta el punto de no saber ni quién era.

Trabajados los miedos, las terribilizaciones, trabajadas las creencias fantasiosas sobre tu pasado y futuro -porque nuestra mente es una fábrica de mitificar- bueno, pues cuando desmontas todos los escenarios creados, cuando trabajas uno a uno los miedos (porque Necesito-Exijo-Me exijo-No soporto son la misma cosa, yo me lo he demostrado) es cuando, simplemente pierden toda su fuerza, algunas dejan de ser trágicas otras pierden todo su dramatismo, otras muchas muestran con humildad tu grandeza como ser humano, tan igual, tan “normalito” como tu jefe.

Sientes una gran liberación.

Después aprendes a colocar las cosas en su sitio. Primero obligándote un poquito, después sale todo casi intuitivo de forma natural y todo adquiere sensatez una lógica racional. Aprendemos a utilizar la mente a nuestro favor, es nuestra herramienta para reprogramarnos. Y se puede aprender, aunque tengas mucha parte de tu vida hecha. Da igual.

Pero éste es un trabajo único, individual, por otro lado el más fiable y verosímil que puede haber. Con las herramientas de trabajo de la Terapia Cognitiva y a veces como yo con la ayuda inestimable de una psicóloga/o, pero nadie puede hacerlo por nosotros. No existe el comprimido del Cambio Interior o la pastilla de la Fortaleza Emocional. Porque además a los humanos nos pasa, que si la forma es compleja nos decimos ¡Uy es demasiado difícil! Y si es simple nos diremos ¡Ah demasiado fácil para ser verdad!

Con éstas palabras no hay ninguna pretensión de acercarse a ser modelo de nada, claro que no. Pero yo ya no soy aquella persona y lo digo con cariño para aquella chica atormentada, confusa y majeta que era.

Ahora he aprendido a reconocer muy bien las superexigencias los apegos, a discernir las ficciones a distinguir las necesidades exageradas que tan confundidos nos tienen y tanto nos hacen sufrir. Ahora ya no es una terapia es mi nueva forma de ver la vida digamos una filosofía. Ahora puedo decir que soy una persona feliz. Siento que voy liviana con ligereza porque he soltado muchas amarras. He aprendido a evaluar las adversidades más en su justa medida. Sé dónde se alberga mi valía, mi valor. Siento que amo mi vida con serenidad con comprensión. Contemplo la vida y el mundo con los sentidos.

Ahora soy consciente de algo tan evidente también como entender que estamos aquí para disfrutar, para sentirnos en paz, para gustarnos un montón. La certeza que todo pasa por aceptarnos sin condiciones, también a los demás que son como nosotros.

Este camino no ha hecho más que empezar, ahí están las herramientas de trabajo de la Terapia Cognitiva, las lecturas de los tres libros de Rafael Santandreu – Con cariño, mi estrella polar – las reflexiones del maravilloso A. de Mello, la sabiduría de E. Tolle y mi querida Pilar que me avisa con su gracia de las recaídas que como dice Rafael “… Son períodos de vuelta a la depresión a la ansiedad o a la obsesión.. forman parte del proceso, son los trompicones y caídas de un niño que aprende a caminar… En el momento de la crisis, la caída se vive como un traspiés intolerable. A menudo como un fracaso total, pero si perseveramos… volveremos a estar bien y el aprendizaje seguirá progresando y consolidándose”.

A Rafael y a Pilar

¡DESPIERTA A LA VIDA!

¡DESPIERTA A LA VIDA!

Los que practicamos la psicología cognitiva solemos decir que el propósito de esta terapia es conseguir ver la vida con los mismos ojos que la perciben muchas de las personas que han superado una grave enfermedad o que han sobrevivido a un accidente, pero sin tener que pasar por ninguna de esas situaciones.

Yo soy partidaria de aprender de todo lo que nos pasa en la vida, sobre todo de las adversidades. Son muchas las personas que han sufrido una enfermedad grave o un desafortunado accidente y que han aprovechado esa circunstancia para crecer emocionalmente. ¿Cómo lo hacen? Cambiando su escala de valores, apreciando lo que tienen, no quejándose por lo que han perdido y disfrutando del presente.

Veamos con un poco más de detalle algunas de las muchas enseñanzas que podemos extraer de este tipo de experiencias:

-La primero que aprendes cuando te sucede algo así es a ser humilde. Tomas consciencia de tu fragilidad como ser humano, de lo insignificante que eres y de lo poco importantes que son las cosas que haces. Mañana podrías estar muerto y todo seguiría su curso: tus seres queridos sentirían una profunda tristeza durante algún tiempo y te echarían de menos pero seguirían con sus vidas, otra persona desempeñaría tu trabajo, el sol saldría y se pondría cada día, la tierra continuaría girando alrededor del sol, se sucederían las estaciones, los años, la vida…

-Despiertas de la fantasía de inmortalidad en la que vives, sabes que todos nos tenemos que morir, pero no te lo acabas de creer. Tienes la sensación de que morir es algo que les pasa a los demás, pero no a ti. Al ver la muerte de cerca, te das cuenta de que tú también eres mortal y de que no tienes que estar muy enfermo o ser una persona de avanzada edad para que en cualquier momento puedas dejar de existir.

-Aceptas la incertidumbre como parte de la vida, hay muchas cosas que por mucho que lo intentes escapan a tu control y una de esas cosas es la muerte. Cuidando tu salud y siendo precavido tal vez consigas esquivar la enfermedad y los accidentes, pero no la muerte.

-Te cuestionas si preferirías que las personas significativas para ti te recordaran por ser alguien muy eficiente, trabajador, resolutivo, responsable, atractivo, exitoso, con mucho poder adquisitivo, con grandes capacidades, con vivencias extraordinarias…, o por tus actos de amor y tu alegría.

-Empiezas a apreciar la vida como lo más importante. Qué duda cabe que estar vivo es lo principal, un auténtico milagro, pero casi siempre lo damos por supuesto y, por tanto, no lo valoramos en absoluto. El resto de cosas materiales e inmateriales (hijos, pareja, éxito, trabajo, dinero, salud, reconocimiento, justicia, respeto…) se sitúan en su lugar, es decir, por debajo del valor principal: LA VIDA.

-Dejas a un lado la queja porque sientes que no hay NADA de qué quejarse. Como decía el piloto de la Primera Guerra Mundial Eddie Rickenbacker tras haber sobrevivido a un duro naufragio: “La mayor lección que he aprendido gracias a esa experiencia es que si se tiene toda el agua fresca que quieres beber y toda la comida que quieres comer, jamás deberías quejarte de nada”.

-Comienzas a agradecer TODO: que estás vivo, que tus órganos funcionan, que respiras, que el sol ha salido esta mañana, que puedes contemplar las estrellas, que tienes gente que te quiere, agua potable para beber, comida todos los días, un trabajo (aunque no te guste demasiado), un techo bajo el que cobijarte, una cama donde dormir…

-No solo sientes gratitud por todo, sino que también lo disfrutas intensamente. Cada cosa que posees, cada cosa que haces, cada nuevo día, cada momento que pasas con las personas que forman parte de tu vida,…, todo lo percibes como una hermosa oportunidad de disfrute.

-Deseas vivir despierto, consciente, inmerso en el momento presente, en el aquí y el ahora porque sabes que el pasado y el futuro solo existen en tu mente, el único momento real es el presente. Dejas de lamentarte por lo que ya ocurrió y de preocuparte por lo que quizá sucederá, ya que nada puedes hacer para cambiar el pasado y solo podrás ocuparte del futuro cuando llegue.

-Exprimes al máximo tu existencia, pero no persiguiendo compulsivamente “más” de todo: más experiencias, más amistades, más viajes, más dinero, un trabajo más interesante…, sino buscando calidad, intensidad y profundidad en cada momento, en cualquier momento. Esto supone vivir con la misma pasión saltar en paracaídas que permanecer durante horas en el sofá mirando el techo.

-Te planteas: “Si ahora mismo muriera, ¿lamentaría no haber sido más eficiente y productivo en mi trabajo, no haber trabajado más horas, no haber tenido una vida lo bastante interesante, no haber logrado suficiente reconocimiento, no haber ganado más dinero, no haber viajado más, no haber tenido más experiencias…? Sin duda, la respuesta es “NO”.

-Sientes haber vivido tantos años sepultado bajo montones de absurdas exigencias o “deberías” que te llenan de sufrimiento y te alejan de la felicidad. Exigencias hacia ti mismo (debería ser más eficiente, buena persona, excelente profesional, estar en forma, tener muchos amigos, hijos, pareja, dinero, demostrar que valgo mucho…), hacia los demás (la gente debería tratarme con consideración y respeto, porque yo los trato así) y hacia el mundo (la vida debería ser fácil).

Sería deseable que, sin necesidad de vivir un suceso grave, despertáramos y fuéramos capaces de apagar el interruptor mental de la queja y activar el del agradecimiento y disfrute. Ojalá no nos pase como al protagonista de “La muerte de Ivan Ilich” de Tolstoi,  el cual tras una vida repleta de éxitos profesionales y de haber cumplido con todo lo que la sociedad esperaba de él, dijo en el lecho de muerte sumido en un profundo vacío:  “¿Y si toda mi vida hubiera estado equivocado?”

EL PLACER DE HACER NADA

 

IL DOLCE FAR NIENTE

La siguiente conversación, con amigos o conocidos, se ha repetido unas cuantas veces desde que terminó la Semana Santa:

-Hola Pilar, ¿qué tal? ¿Qué has hecho estos días?

 –Nada.

 -¿Nada? Hombre, algo habrás hecho, ¿no?

 -Bueno, sí, algo he hecho: descansar.

En todas las ocasiones he acabado contestando: “descansar” porque de esta manera el que pregunta se queda más tranquilo y deja de insistir, ya que imagina que para desconectar de la rutina he hecho cosas como pasear, salir a tomar algo, leer, ir de excursión, ver una película, visitar una exposición… Sin embargo, aunque estos días festivos he descansado, la mayor parte del tiempo no he hecho nada de eso.

Y es que en nuestra sociedad no hacer nada o, lo que es lo mismo, hacer nada, tiene mala prensa, el aburrimiento y la inactividad son vistos como algo muy negativo, de hecho, algunos padres, a modo de castigo, aíslan a sus hijos pequeños durante cierto tiempo en una habitación sin juguetes y sin ningún tipo de estímulo. De este modo, están transmitiendo a los niños que estar tranquilo y sin hacer nada es malo, en lugar de hacerles ver que aburrirse es placentero y una estupenda oportunidad para desarrollar su creatividad y su imaginación.

Cuando yo afirmo que no he hecho nada durante la Semana Santa, me refiero a que he dedicado la mayor parte de mi tiempo a estar tranquila, en calma, en definitiva, a aquietar la mente. Me he sumergido de lleno en el momento presente, en el aquí y el ahora, con el propósito de tomar más consciencia de todo: de mi propia existencia, de mi cuerpo, de mis pensamientos, de mis sensaciones, de mis emociones, de mis actos y de todo cuanto me rodea, ya sean cosas inertes o seres vivos.

Es un ejercicio que me gusta hacer porque me permite conectar con mi “auténtico yo”, ese que nada tiene que ver con logros ni con cualidades físicas o intelectuales, ni tampoco con creencias o sentimientos, ese “yo” que comparto con el resto de los mortales, que me une a ellos y que nos hace a todos iguales y valiosos. Tomar contacto con mi esencia hace que aprenda a quererme a mí misma sin condiciones, simplemente por el hecho de estar viva y de ser un ser humano.

Esta práctica introspectiva no solo favorece el autoconocimiento y el amor incondicional por nosotros mismos y por los demás, sino que también ayuda a relajar el cuerpo y a apaciguar la mente, estimula la creatividad y contribuye a la planificación de futuros proyectos.

Por desgracia, hoy en día estamos muy conectados con el exterior, pero estamos muy poco o nada conectados con nuestro interior. La vida tan ajetreada que llevamos nos distrae de lo verdaderamente importante, por eso conviene buscar momentos de soledad, silencio e inactividad, porque solo en esas condiciones es posible encontrar el bienestar interior, por cierto, mucho más placentero que cualquier distracción externa.

Yo os animo a que experimentéis el placer de hacer nada. Aunque he de deciros que si sois de los que siempre estáis buscando cosas que hacer para estar entretenidos, al principio permanecer desocupados os resultará algo desagradable, ya que os enfrentaréis a una molesta sensación de vacío y a la impresión de que estáis perdiendo el tiempo. Sin embargo, si permanecéis en esa situación, poco a poco, la incomodidad desaparecerá y surgirá el inmenso placer de descubrir vuestra propia naturaleza y de conectar con ella.

 

CARTA A MI “MOSCA COJONERA”

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A continuación os dejo una carta que un paciente ha escrito a su ansiedad, a quien él, cariñosamente, denomina su “mosca cojonera”. Para él la ansiedad no es algo terrible contra lo que hay que luchar, sino más bien es una aliada, una amiga, una compañera de vida que, aunque resulta incómoda, tiene el único propósito de ayudarle a crecer.

“En primer lugar, considero que tener o vivir con ansiedad es algo normal, un sentimiento o sensación habitual en nuestra sociedad actual. Ciertamente es insano, y sería deseable evitar su aparición y buscar los orígenes o focos de la misma, pero en ningún caso es algo terrible.

Sus síntomas, sobre todo físicos, pueden llegar a resultar algo incómodos y sería deseable no tenerlos, pero ello no me impide desarrollar una vida totalmente normal. Seguir disfrutando de los pequeños placeres que me ofrece la vida y la gente que me rodea, hacer cosas útiles en mi trabajo o fuera de él.

Y ahora que ya tenemos confianza te trataré de tú. Por supuesto que podré tomar una cerveza viendo deporte aunque tú estés ahí, por supuesto que podré tener una cena agradable y de risas con mis amigos y como no podré salir a dar un paseo y disfrutar de mi Madrid. Quizás si consigo que seas mi acompañante en estas andanzas, a ti te resulten aburridas y acabes decidiendo abandonarme.

Aunque tuviera que convivir contigo toda la vida tampoco sería terrible. A mi alrededor existen ejemplos de personas que van a convivir toda su vida con cosas mucho peores, con por ejemplo, mi amiga Sara y su doble amputación de piernas, el gran Stephen Hawking y su enfermedad ELA, Paolo Badano y su paraplejía, Enhamed y su ceguera; y no por ello pierden su valioso tiempo en estar lamentándose y quejándose.

Incluso en sus días peores aceptan lo que tienen, no con resignación, sino que reconocen lo mejor dentro de su adversidad y manifiestan lo poco que ayuda quedarse dentro de un bucle de quejas y lamentaciones que lejos de ayudar lo único que genera es más ansiedad, depresión, etc.

Doy gracias por vivir aún con aquellas cosas que me desagradan, como tú. A partir de ahora te voy a llamar “mosca cojonera”. Quizás a ti no te guste este nombre, me da igual, quizás me cueste quitarte de encima, quizás cuando piense que ya no estás reaparezcas o quizás quién sabe nunca conseguiré escapar de ti; pero tengo que aceptar que eres parte de mi vida, que fluyes como mi sangre o como mis impulsos nerviosos, y al estar ahí me permites el que me dé cuenta de cuál es tu origen y así luchar contra lo que verdaderamente es importante, sí me será útil y provechoso.

Me despido diciendo que no lucharé contra ti, lucharé contra tus padres, con tus creadores silenciosos como por ejemplo aquellas ideas de ser perfecto en todo lo que hago, obtener resultados inmediatos, ganar mucho dinero, tener éxito, caer bien a todo el mundo, etc., todas aquellas creencias que no sólo no me hacen feliz sino que contribuyen y favorecen tu nacimiento y que aún sigas ahí”.

JLC

¿QUÉ ES UNA VIDA INTERESANTE?

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Hace unos días una amiga me contó que un amigo suyo acababa de fallecer con 40 años, y a continuación añadió: “Está claro que la vida son cuatro días y que hay que exprimirla al máximo, así que a partir de ahora voy a aprovechar más el tiempo y voy a hacer más cosas: viajar más, más ejercicio, salir más de fiesta…”.  

No es extraño pensar así en una sociedad donde prima el lema “más es mejor”. Mejor si hago al año cinco viajes que si viajo apenas una vez, o mejor si salgo con muchos amigos todos los fines de semana que si solo quedo con alguno de vez en cuando. Mejor si tengo muchos tipos de experiencias (viajes a lugares exóticos, apasionadas aventuras amorosas, deportes de alto riesgo, creaciones artísticas…) que si mis vivencias son poco variadas y emocionantes.

Cuando nos emborrachamos de experiencias lo hacemos generalmente con el ánimo de sentir placer y de crear una vida interesante que dé sentido a nuestra existencia. Pensamos equivocadamente que malgastamos la vida si no viajamos, salimos, conocemos gente, adquirimos conocimientos, tenemos proyectos interesantes, probamos cosas nuevas… Pero no nos damos cuenta de que todo eso únicamente nos proporciona diversión y entretenimiento, pero no felicidad.

La emoción que obtenemos cuando llevamos a cabo experiencias motivados por la necesidad de aprovechar la vida y de convertirla en algo muy interesante, es superficial y pasajera, tan solo un fogonazo de placer que no tarda en dar paso a una profunda sensación de vacío. Dicha sensación nos impulsa a buscar más y más estímulos externos que nunca logran acabar con la insatisfacción que experimentamos.

De este modo, nos enganchamos a infinidad de cosas a las que somos incapaces de renunciar, ya que si no las hacemos nos sentimos vacíos y culpables por no aprovechar la vida, pero cuando las hacemos, curiosamente, no nos sentimos realmente felices (no hay que confundir diversión con felicidad). La acumulación de experiencias y la búsqueda insaciable de las mismas, no solo no contribuye a que nos sintamos plenos y realizados, sino que es eso precisamente lo que nos distrae y aleja de una vida serena  y feliz.

Saborear la vida con intensidad nada tiene que ver con la vorágine de actividades, vivencias o conocimientos en la que a veces estamos inmersos, sino que tiene que ver con estar tranquilos y ser más conscientes, o lo que es lo mismo, con sentir la alegría de estar vivos, necesitar poco, apreciar y agradecer lo que tenemos, disfrutar de lo que hacemos en el instante presente, relacionarnos con amor y estar en armonía con nosotros mismos y con el entorno. Todo esto nos proporciona felicidad, o lo que es lo mismo, una profunda y duradera sensación de plenitud.

Aunque tuviésemos una vida breve, aburrida y sin grandes objetivos, podríamos ser muy felices, los seres humanos no necesitamos hacer muchas cosas para sentirnos bien, ya que somos animales de calidad más que de cantidad.  Un buen ejemplo de ello son los pastores y las monjas de clausura, ellos no llevan vidas trepidantes y llenas de emociones fuertes, sin embargo, existen pocas personas tan plenas y felices como ellos, esto es debido a que conocen el secreto para una vida feliz: necesitar muy poco, hacer pocas cosas y poner entusiasmo, alegría y amor en aquello que se tiene entre manos en cada momento.  

No es preciso coleccionar con avidez experiencias para convertir la vida en algo emocionante y valioso, el hecho de estar vivos ya es extraordinario y ser conscientes de ello enormemente placentero. Todos poseemos la capacidad para apreciar la belleza que nos rodea y para transformar en maravillosas aventuras cosas tan simples y cotidianas como cocinar, contemplar la naturaleza, conversar, leer o pasear.

En definitiva, la vida ya es algo hermoso e interesante, tan solo tenemos que darnos cuenta de ello. De nosotros depende ver la vida como algo que debemos llenar de experiencias para darle valor y sacarle el máximo partido o como una aventura  increíble y valiosa en sí misma.

BUSCA DENTRO DE TI…

BUSCA DENTRO DE TI

Busca dentro de ti la solución de todos los problemas,

hasta de aquellos que creas más exteriores y materiales.

Dentro de ti está siempre el secreto,

dentro de ti están todos los secretos.

Aun para abrirte camino en la selva virgen,

aun para levantar un muro,

aun para tender un puente,

has de buscar antes, en ti, el secreto.

Dentro de ti hay tendidos ya todos los puentes,

Están cortadas dentro de ti las malezas

y lianas que cierran los caminos.

Todas las arquitecturas están ya levantadas dentro de ti.

Pregunta al arquitecto escondido.

Él te dará sus fórmulas.

Antes de ir a buscar el hacha de más filo,

la piqueta más dura,

la pala más resistente…

entra en tu interior y pregunta…

Y sabrás lo esencial de todos los problemas,

y se te enseñará la mejor de todas las fórmulas,

y se te dará la más sólida de todas las herramientas.

Y acertarás constantemente, puesto que dentro de ti

llevas la luz misteriosa de todos los secretos.

Amado Nervo (Poeta Mexicano 1870-1919)

CARTA A MI DEBILIDAD

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Paolo Badano es un italiano que tras sufrir un accidente de tráfico quedó en silla de ruedas. Durante algún tiempo utilizó una silla convencional hasta que, basándose en la tecnología del segway, se le ocurrió inventar una mucho más moderna que permite mayor movilidad a los discapacitados.

Paolo ha sabido sacar provecho de su adversidad y se ha convertido en una persona emocionalmente mucho más fuerte. En su página web Paolo se dirige a su discapacidad a través de una carta y esto es lo que le dice:

Hace mucho tiempo que pienso en escribirte, pero nunca encuentro o quiero encontrar la ocasión para hacerlo.

Te conozco desde hace tanto tiempo que los recuerdos anteriores a ti casi se han quedado en blanco, pero es justo que sepas que siempre te he odiado.

Sí, odiado como nunca antes había odiado.

Te he detestado porque me has quitado todo lo que para mí era importante, has hecho que conozca el miedo, la resignación, la desesperación y el dolor.

Durante mucho tiempo he buscado al “culpable”, aquello que te había traído hasta mí. He hecho de todo por ocultarte, por alejarte de mí. Porque tú lo sabes… sabes ser cruel, no tienes piedad con los que te desprecian.

Pero han pasado 20 años desde aquel día en que nos conocimos. Y hoy sé que te conozco. Hoy puedo decir que tú no eres sólo oscuridad.

Gracias a ti sé que el tiempo es lo más valioso que tenemos. Siempre me recuerdas el valor justo que hay que dar al dinero, ya que tú nunca me dejarías… ni aunque tuviera una montaña para darte.

A menudo me recuerdas que has sido buena conmigo, tengo que mirar a quien está peor y no solo a quién está mejor.

Pero no te engañes, ¡entre nosotros no podrá haber nunca amor! Haré siempre todo y más para dejarte.

Lo sé, ahora te estarás riendo porque sabes que probablemente estaremos juntos para siempre.

Pero pase lo que pase,

sólo quería decirte que me gusta el hombre en que me has convertido.

Paolo

“¡SIEMPRE FUERTE!”

 

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“¡SIEMPRE FUERTE!”, ese es el lema de Pablo Ráez, el joven marbellí que tras estar 10 meses limpio de la leucemia que le diagnosticaron en marzo de 2015, ha sufrido una recaída este año. La primera vez le realizaron un trasplante, pero ahora su situación es bastante más complicada porque, de momento, no hay donante para él.

Se muestra siempre alegre y tranquilo a pesar de lo mal que lo está pasando y de que su estado de salud es cada vez más delicado. Hace unos días, Pablo escribía en su Facebook: “Estas últimas semanas han sido de pura oscuridad y sufrimiento, para mí se queda todo eso, porque aunque intente explicarlo realmente es imposible haceros sentir con unas palabras el sufrimiento tan grande que he tenido. Ha habido momentos en los que pensaba que me quedaba ahí.”

A través de las redes sociales motiva a aquellos que atraviesan situaciones difíciles y conciencia a la sociedad de la importancia de la donación de médula ósea. Su objetivo: llegar al millón de donaciones.

Con tan solo 20 años, Pablo se ha convertido en un magnífico modelo de madurez emocional que nos demuestra que todos podemos aceptar incluso las más grandes adversidades, aprovecharlas para crecer y seguir siendo razonablemente felices pese a ellas.

Pablo se muestra agradecido a la vida y lejos de quejarse de su enfermedad la ve como una oportunidad para “despertar”. Asegura haber experimentado un cambio profundo en su forma de ver la vida y en su escala de valores. Esa nueva filosofía de vida se hace evidente en los posts que publica en su Facebook, los cuales pueden servirnos para aprender a no dramatizar y a pensar de manera racional.

Os dejo una pequeña muestra de las reflexiones que Pablo comparte con todos nosotros:

POST 1

La situación es dura.
Hoy me han hecho una punción en la medula para ver si sigo teniendo leucemia o no. Ha sido bastante doloroso.
No tengo miedo, no tengo miedo a morirme, como voy a tenerlo por este resultado?
Acepto lo que sea y estoy feliz. Si hay leucemia lo acepto y si no también.
Me alegraré mucho si no tengo, pero si sigo con ella no me voy a hundir en la miseria y podría tener motivos para ello.
Cualquiera podría sentirse jodido con que no se haya remitido la enfermedad, que todo se alargue, más quimio, más tiempo, pero lo acepto, de corazón acepto lo que venga, obviamente me provocaría mucha felicidad estar bien, pero acepto lo que venga y a por todas.
Te animo a que valores tu vida y dejes de preocuparte por tonterías!!
Llegar a este punto de aceptación, coraje y valentía no ha venido de la nada.
He sufrido mucho, tanto psicológicamente como físicamente pero eso me ha hecho de titanio.
He tenido mucho miedo, me he querido suicidar, me he hundido, he caído en la más profunda miseria, pero he podido levantarme con un cambio de mentalidad, pero eso, repito, me ha hecho muy fuerte.
Gracias a todo lo malo vivido, pienso como pienso hoy día, y me ha hecho crecer tanto como he podido crecer, me ha hecho expresarme como me expreso, me ha permitido por ayudar a las personas a ver la vida de otro color, solo estoy agradecido. (…)
Decir que el cáncer no es una puta mierda, que una puta mierda es no saber vivir.

POST 2

Resultado de la punción: Tengo leucemia.
La quimio no ha sido todo lo efectiva que debería. Puffff ¿Que putada no?
Pensarás… ¿Por qué se ríe?
No me rio, sonrío!!!
Hay que aceptar lo que venga y como venga, por algo sigo teniendo leucemia.
Realmente lo he aceptado como una buena noticia porque es lo que tiene que ser, es mi camino a recorrer.
Por ejemplo, el año pasado cuando me lo dijeron me hundí en la miseria, pero esta cabecita ha podido crecer.
Entiendo que sea difícil de comprender esto que lees, pero uno elige como tomarse las cosas, la realidad es la que es, ahora tú eliges como tomarte esa realidad.
Me puedo amargar y deprimir o puedo seguir hacia delante con una gran sonrisa, porque este es mi destino.
Compañeros, intentad aplicad esta “filosofía” a vuestra vida, todo será mejor.
Todavía no sé qué va a pasar conmigo, pero lo primero es quitar esta fiebre que me está dejando KO!
Así que a comerse el mundo!!!!!
Esta cuenta de Pablo Ráez no es para dar pena, ni para que dones médula para mí ni para otra cosa que no sea motivar a las personas, ayudar a los demás, intentar dar otra visión de las cosas y concienciar a todos sobre la importancia de la donación tanto de sangre y plaquetas.
Todos tenemos a ese guerrero interior, solo tenéis que encontrarlo.
Gracias de todo corazón a todos los que os estáis animando a donar, es precioso.
Gracias a todos los que me apoyáis día a día, vosotros también sois un gran pilar para seguir adelante.
Espero seguir sirviendo de ayuda a mucha gente.
Gracia de nuevo a todos, un abrazo enorme y a vivir el momento presente y siempre fuerte!!!!!

POST 3

No te atormentes con el futuro, con el mañana, el qué pasará con él y si no vale la pena, pierdes el tiempo de disfrutar del momento presente que es este.
Si empiezo a pensar: No tengo donante, que será de mí, me voy a morir, lo perderé todo, otra vez a las cámaras, otra vez aislado… Lo único que voy a conseguir es amargarme este momento presente que es tan hermoso.
Ahora estoy relajado, respirando, con mi lámpara de sal del Himalaya y estoy en paz, estoy viviendo el momento presente.
Practícalo y medítalo.
Gracias a ti, lector, a la vida, a mi prometida, a todo por esta lección de vida y gracias por darme el lujo de poder ayudar a los demás, realmente es lo mejor que me ha pasado nunca.
Que tengáis dulces sueños.

POST 4

Paz, tranquilidad, momento presente…
No es más.
Me anima tantísimo saber que estoy ayudando a tanta gente a ver la vida de otra manera… Es impresionante que ganas tengo de vivir, de curarme, de salir, ganas de mucho.
Pero no estoy ansioso, acepto lo que venga, es lo que tiene que venir.
Me gustaría haceros reflexionar hoy.
El cáncer no es: una puta mierda, una maldición, nada asqueroso.
El cáncer solo te da la oportunidad de ver la vida como es, saboreando el aire que respiras, saboreando cada alimento que te llevas a la boca, cada beso, cada respiración.
El cáncer trae muerte sí, pero otras cosas traen muerte, alcohol, tabaco, drogas, accidentes, porque tenerle más miedo al cáncer?
Repito la muerte está ahí y todos nos iremos algún día.
Cambiar el mundo es imposible, pero si podemos cambiar cada persona y hacernos conscientes de la realidad.
Puedo morir o no, puede haber un donante para mí o no, puede haber un donante y que me muera por un rechazo, no sabemos nada de lo que pasará. Pase lo que pase será lo correcto.
Si yo me muero no podríais pensar: Pobrecito no se lo merecía, con lo que ha luchado, bla bla bla…. Será mi destino y hay que aceptarlo. La muerte es nuestra gran acompañante, hay que saber vivir con ella.
Si sé que de momento tengo que limpiar la leucemia y que aparezca un donante. Moverse gente, compartid, difundid, haceros donante, informaros en google sobre cómo hacerlo.
No podemos estar pensando en el pasado ni el que pasará, tan solo podemos ver el presente el ahora, ver que solo existe este momento, todo llega, pero solo existe el ahora.

POST 5

IMPORTANTE: También hay que permitirse tener días “malos” o menos buenos. De esos días que no ves luz, color… Como mi día de hoy.
Por ello, siempre fuerte! No es una simple frase.
Aunque decaigas tienes que saber que es temporal, que todo va a pasar, joder no pasa la vida?!?!? Como no va a pasar un momento o día malo. Es bueno permitirse estar mal, valoras mucho más cuando estás bien!
Por ello hay que valorar siempre que estemos bien, ya que significa que no estamos mal!
Siempre sale el sol
Aunque hoy me siento así, y tengo el cuerpo raro, la fiebre ha desaparecido, hace dos días que no tengo , pensé que podía ser de uno de los dos catéter que tengo que estaba infectado y así fue, me han dejado solo una vía, han puesto antibiótico en la otra y la fiebre ha remitido.
Antes de que la fiebre desapareciera tuve u una “fiebre mortal” que pensé que me moría de verdad, estaba medio muerto, me dejó K.O y no he vuelto a tener más, justo al quitarme la vía. Así que muy contento por ello.
Quiero mandar mucha fuerza y animo a todos los enfermos de lo que sea que lo estén pasando mal o a cualquier persona que no esté bien y decirle que todo pasará, mucha fuerza, mucha!!
Que me den las gracias es realmente increíble.
¿Podéis imaginar lo que es que me digan que soy el héroe de alguien? ¿Que he cambiado su vida, su forma de verla?
Jamás pensé en mi vida que yo podría ayudar tanto a las personas.
Puede parecer de coña pero que yo esté pasando por segunda vez una leucemia está ayudando a mucha gente, entonces significa que si no la estuviera pasando no hubiera podido ayudar a la gente ni a concienciarla, por lo que… ¿Tan “injusta” es la vida? No.
Es verdad, nadie se merece esto, pero lo que cada persona recibe o lo acepta o no, esa persona elige.
¿Veis que hay que sacarle a todo el lado positivo? Incluso a veces a mí me cuesta pero hay que hacerlo, siempre fuerte, es real.
Muchísimas gracias por tanto apoyo, de verdad es inmensurable lo abrazado que me siento tanto de cariño como de saber que ayudo.
Gracias, gracias y gracias siempre.

¿MÁS ES MEJOR?

MÁS NO SIEMPRE ES MEJOR

Empezamos haciendo sonar dos palos… Y acabamos creando orquestas sinfónicas.

 Inventamos la rueda… Y al final la utilizamos para correr a 300 por hora.

 Creamos el deporte para pasar el rato… Y hoy es nuestra mayor pasión.

 Querer siempre más es lo que nos hace humanos… Y conseguirlo, algo que nos hace felices.

Este texto forma parte de la última campaña de una conocida compañía telefónica. Una vez más la sociedad, a través de la publicidad, nos intenta trasladar el mensaje: “Más siempre es mejor, por tanto, cuanto más consumas y más cosas tengas, más feliz serás”.

Querer siempre más no nos hace humanos, aunque sí bastante más neuróticos. Si nuestra filosofía de vida se basa en que para ser felices debemos conseguir más y más cosas (materiales o inmateriales), no solo no alcanzaremos la felicidad, sino que cada vez nos sentiremos más insatisfechos, ansiosos y deprimidos. El “más es mejor” nos aleja de la salud mental, sin embargo, la “bastantidad” (necesitar muy poco para ser feliz) nos acerca a ella.

Las orquestas sinfónicas, los coches mega rápidos o las competiciones deportivas, están muy bien, pero la humanidad no los necesita en absoluto. Conseguir este tipo de cosas no nos convierte en humanos y mucho menos nos hace felices. Lo que nos hace humanos es nuestra capacidad de amar y lo que nos hace felices es disfrutar de cosas tan sencillas y divertidas como hacer música con dos palos, inventar algo como la rueda o practicar deporte para pasar el rato.

Es cierto que el progreso y el desarrollo han contribuido a que nuestra vida sea más cómoda, pero estar cómodos no tiene nada que ver con la felicidad, entendida ésta como paz interior o salud mental. Lo que nos hará más felices no es la comodidad, sino darnos cuenta a un nivel muy profundo de que necesitamos muy pocas cosas y saber apreciar las oportunidades de disfrute que tenemos al alcance de la mano.

No obstante, la “bastantidad” no está reñida con el progreso, todo lo contrario. Saber que necesitamos muy poco para sentirnos bien, no implica pasividad ni conformismo, ya que podemos tener una vida realmente activa, es decir, fijarnos grandes metas y estar implicados en multitud de proyectos de todo tipo (sociales, científicos, personales…), que llevaremos a cabo simplemente porque nos apetece y porque nos hacen disfrutar enormemente y no por necesidad. Paradójicamente, esta actitud hace que consigamos mejores resultados que si es la obligación lo que nos mueve.

Prueba de ello es Thomas Edison, quien desde muy pequeño sintió el deseo de ser inventor. Sus padres, conocedores del entusiasmo que su hijo sentía por los inventos, le habilitaron en el sótano de la casa un laboratorio donde el pequeño Edison llevaba a cabo sus experimentos. Cuando llegó a la adolescencia, comenzó a trabajar como telegrafista y buena parte de sus ingresos los destinaba a continuar con su pasión.

De sobra es sabido que hasta llegar a inventar la bombilla, Thomas Edison tuvo cientos y cientos de intentos fallidos, pero él nunca abandonó su propósito porque amaba lo que hacía y disfrutaba intensamente haciéndolo. Si, por el contrario, se hubiera embarcado en ese proyecto motivado por la necesidad de cambiar el mundo, de alcanzar prestigio o de pasar a la historia como un gran genio, es posible que hubiera inventado la bombilla, pero sin disfrutar demasiado del proceso y con una satisfacción poco profunda y muy pasajera cuando lo hubiese conseguido.

En definitiva, si valoramos la paz interior y el amor por la vida por encima de cualquier otra cosa como la comodidad, el progreso, el  éxito, la justicia…, podremos marcarnos ambiciosos objetivos que trataremos de alcanzar con entusiasmo, sin presión y disfrutando del proceso. En cambio, si nos obsesionamos con alcanzar determinadas metas porque creemos que de ello depende nuestra felicidad, perderemos la serenidad con independencia de los resultados que obtengamos.