CARTA A MI “MOSCA COJONERA”

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A continuación os dejo una carta que un paciente ha escrito a su ansiedad, a quien él, cariñosamente, denomina su “mosca cojonera”. Para él la ansiedad no es algo terrible contra lo que hay que luchar, sino más bien es una aliada, una amiga, una compañera de vida que, aunque resulta incómoda, tiene el único propósito de ayudarle a crecer.

“En primer lugar, considero que tener o vivir con ansiedad es algo normal, un sentimiento o sensación habitual en nuestra sociedad actual. Ciertamente es insano, y sería deseable evitar su aparición y buscar los orígenes o focos de la misma, pero en ningún caso es algo terrible.

Sus síntomas, sobre todo físicos, pueden llegar a resultar algo incómodos y sería deseable no tenerlos, pero ello no me impide desarrollar una vida totalmente normal. Seguir disfrutando de los pequeños placeres que me ofrece la vida y la gente que me rodea, hacer cosas útiles en mi trabajo o fuera de él.

Y ahora que ya tenemos confianza te trataré de tú. Por supuesto que podré tomar una cerveza viendo deporte aunque tú estés ahí, por supuesto que podré tener una cena agradable y de risas con mis amigos y como no podré salir a dar un paseo y disfrutar de mi Madrid. Quizás si consigo que seas mi acompañante en estas andanzas, a ti te resulten aburridas y acabes decidiendo abandonarme.

Aunque tuviera que convivir contigo toda la vida tampoco sería terrible. A mi alrededor existen ejemplos de personas que van a convivir toda su vida con cosas mucho peores, con por ejemplo, mi amiga Sara y su doble amputación de piernas, el gran Stephen Hawking y su enfermedad ELA, Paolo Badano y su paraplejía, Enhamed y su ceguera; y no por ello pierden su valioso tiempo en estar lamentándose y quejándose.

Incluso en sus días peores aceptan lo que tienen, no con resignación, sino que reconocen lo mejor dentro de su adversidad y manifiestan lo poco que ayuda quedarse dentro de un bucle de quejas y lamentaciones que lejos de ayudar lo único que genera es más ansiedad, depresión, etc.

Doy gracias por vivir aún con aquellas cosas que me desagradan, como tú. A partir de ahora te voy a llamar “mosca cojonera”. Quizás a ti no te guste este nombre, me da igual, quizás me cueste quitarte de encima, quizás cuando piense que ya no estás reaparezcas o quizás quién sabe nunca conseguiré escapar de ti; pero tengo que aceptar que eres parte de mi vida, que fluyes como mi sangre o como mis impulsos nerviosos, y al estar ahí me permites el que me dé cuenta de cuál es tu origen y así luchar contra lo que verdaderamente es importante, sí me será útil y provechoso.

Me despido diciendo que no lucharé contra ti, lucharé contra tus padres, con tus creadores silenciosos como por ejemplo aquellas ideas de ser perfecto en todo lo que hago, obtener resultados inmediatos, ganar mucho dinero, tener éxito, caer bien a todo el mundo, etc., todas aquellas creencias que no sólo no me hacen feliz sino que contribuyen y favorecen tu nacimiento y que aún sigas ahí”.

JLC

¿QUÉ ES UNA VIDA INTERESANTE?

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Hace unos días una amiga me contó que un amigo suyo acababa de fallecer con 40 años, y a continuación añadió: “Está claro que la vida son cuatro días y que hay que exprimirla al máximo, así que a partir de ahora voy a aprovechar más el tiempo y voy a hacer más cosas: viajar más, más ejercicio, salir más de fiesta…”.  

No es extraño pensar así en una sociedad donde prima el lema “más es mejor”. Mejor si hago al año cinco viajes que si viajo apenas una vez, o mejor si salgo con muchos amigos todos los fines de semana que si solo quedo con alguno de vez en cuando. Mejor si tengo muchos tipos de experiencias (viajes a lugares exóticos, apasionadas aventuras amorosas, deportes de alto riesgo, creaciones artísticas…) que si mis vivencias son poco variadas y emocionantes.

Cuando nos emborrachamos de experiencias lo hacemos generalmente con el ánimo de sentir placer y de crear una vida interesante que dé sentido a nuestra existencia. Pensamos equivocadamente que malgastamos la vida si no viajamos, salimos, conocemos gente, adquirimos conocimientos, tenemos proyectos interesantes, probamos cosas nuevas… Pero no nos damos cuenta de que todo eso únicamente nos proporciona diversión y entretenimiento, pero no felicidad.

La emoción que obtenemos cuando llevamos a cabo experiencias motivados por la necesidad de aprovechar la vida y de convertirla en algo muy interesante, es superficial y pasajera, tan solo un fogonazo de placer que no tarda en dar paso a una profunda sensación de vacío. Dicha sensación nos impulsa a buscar más y más estímulos externos que nunca logran acabar con la insatisfacción que experimentamos.

De este modo, nos enganchamos a infinidad de cosas a las que somos incapaces de renunciar, ya que si no las hacemos nos sentimos vacíos y culpables por no aprovechar la vida, pero cuando las hacemos, curiosamente, no nos sentimos realmente felices (no hay que confundir diversión con felicidad). La acumulación de experiencias y la búsqueda insaciable de las mismas, no solo no contribuye a que nos sintamos plenos y realizados, sino que es eso precisamente lo que nos distrae y aleja de una vida serena  y feliz.

Saborear la vida con intensidad nada tiene que ver con la vorágine de actividades, vivencias o conocimientos en la que a veces estamos inmersos, sino que tiene que ver con estar tranquilos y ser más conscientes, o lo que es lo mismo, con sentir la alegría de estar vivos, necesitar poco, apreciar y agradecer lo que tenemos, disfrutar de lo que hacemos en el instante presente, relacionarnos con amor y estar en armonía con nosotros mismos y con el entorno. Todo esto nos proporciona felicidad, o lo que es lo mismo, una profunda y duradera sensación de plenitud.

Aunque tuviésemos una vida breve, aburrida y sin grandes objetivos, podríamos ser muy felices, los seres humanos no necesitamos hacer muchas cosas para sentirnos bien, ya que somos animales de calidad más que de cantidad.  Un buen ejemplo de ello son los pastores y las monjas de clausura, ellos no llevan vidas trepidantes y llenas de emociones fuertes, sin embargo, existen pocas personas tan plenas y felices como ellos, esto es debido a que conocen el secreto para una vida feliz: necesitar muy poco, hacer pocas cosas y poner entusiasmo, alegría y amor en aquello que se tiene entre manos en cada momento.  

No es preciso coleccionar con avidez experiencias para convertir la vida en algo emocionante y valioso, el hecho de estar vivos ya es extraordinario y ser conscientes de ello enormemente placentero. Todos poseemos la capacidad para apreciar la belleza que nos rodea y para transformar en maravillosas aventuras cosas tan simples y cotidianas como cocinar, contemplar la naturaleza, conversar, leer o pasear.

En definitiva, la vida ya es algo hermoso e interesante, tan solo tenemos que darnos cuenta de ello. De nosotros depende ver la vida como algo que debemos llenar de experiencias para darle valor y sacarle el máximo partido o como una aventura  increíble y valiosa en sí misma.

BUSCA DENTRO DE TI…

BUSCA DENTRO DE TI

Busca dentro de ti la solución de todos los problemas,

hasta de aquellos que creas más exteriores y materiales.

Dentro de ti está siempre el secreto,

dentro de ti están todos los secretos.

Aun para abrirte camino en la selva virgen,

aun para levantar un muro,

aun para tender un puente,

has de buscar antes, en ti, el secreto.

Dentro de ti hay tendidos ya todos los puentes,

Están cortadas dentro de ti las malezas

y lianas que cierran los caminos.

Todas las arquitecturas están ya levantadas dentro de ti.

Pregunta al arquitecto escondido.

Él te dará sus fórmulas.

Antes de ir a buscar el hacha de más filo,

la piqueta más dura,

la pala más resistente…

entra en tu interior y pregunta…

Y sabrás lo esencial de todos los problemas,

y se te enseñará la mejor de todas las fórmulas,

y se te dará la más sólida de todas las herramientas.

Y acertarás constantemente, puesto que dentro de ti

llevas la luz misteriosa de todos los secretos.

Amado Nervo (Poeta Mexicano 1870-1919)

CARTA A MI DEBILIDAD

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Paolo Badano es un italiano que tras sufrir un accidente de tráfico quedó en silla de ruedas. Durante algún tiempo utilizó una silla convencional hasta que, basándose en la tecnología del segway, se le ocurrió inventar una mucho más moderna que permite mayor movilidad a los discapacitados.

Paolo ha sabido sacar provecho de su adversidad y se ha convertido en una persona emocionalmente mucho más fuerte. En su página web Paolo se dirige a su discapacidad a través de una carta y esto es lo que le dice:

Hace mucho tiempo que pienso en escribirte, pero nunca encuentro o quiero encontrar la ocasión para hacerlo.

Te conozco desde hace tanto tiempo que los recuerdos anteriores a ti casi se han quedado en blanco, pero es justo que sepas que siempre te he odiado.

Sí, odiado como nunca antes había odiado.

Te he detestado porque me has quitado todo lo que para mí era importante, has hecho que conozca el miedo, la resignación, la desesperación y el dolor.

Durante mucho tiempo he buscado al “culpable”, aquello que te había traído hasta mí. He hecho de todo por ocultarte, por alejarte de mí. Porque tú lo sabes… sabes ser cruel, no tienes piedad con los que te desprecian.

Pero han pasado 20 años desde aquel día en que nos conocimos. Y hoy sé que te conozco. Hoy puedo decir que tú no eres sólo oscuridad.

Gracias a ti sé que el tiempo es lo más valioso que tenemos. Siempre me recuerdas el valor justo que hay que dar al dinero, ya que tú nunca me dejarías… ni aunque tuviera una montaña para darte.

A menudo me recuerdas que has sido buena conmigo, tengo que mirar a quien está peor y no solo a quién está mejor.

Pero no te engañes, ¡entre nosotros no podrá haber nunca amor! Haré siempre todo y más para dejarte.

Lo sé, ahora te estarás riendo porque sabes que probablemente estaremos juntos para siempre.

Pero pase lo que pase,

sólo quería decirte que me gusta el hombre en que me has convertido.

Paolo

“¡SIEMPRE FUERTE!”

 

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“¡SIEMPRE FUERTE!”, ese es el lema de Pablo Ráez, el joven marbellí que tras estar 10 meses limpio de la leucemia que le diagnosticaron en marzo de 2015, ha sufrido una recaída este año. La primera vez le realizaron un trasplante, pero ahora su situación es bastante más complicada porque, de momento, no hay donante para él.

Se muestra siempre alegre y tranquilo a pesar de lo mal que lo está pasando y de que su estado de salud es cada vez más delicado. Hace unos días, Pablo escribía en su Facebook: “Estas últimas semanas han sido de pura oscuridad y sufrimiento, para mí se queda todo eso, porque aunque intente explicarlo realmente es imposible haceros sentir con unas palabras el sufrimiento tan grande que he tenido. Ha habido momentos en los que pensaba que me quedaba ahí.”

A través de las redes sociales motiva a aquellos que atraviesan situaciones difíciles y conciencia a la sociedad de la importancia de la donación de médula ósea. Su objetivo: llegar al millón de donaciones.

Con tan solo 20 años, Pablo se ha convertido en un magnífico modelo de madurez emocional que nos demuestra que todos podemos aceptar incluso las más grandes adversidades, aprovecharlas para crecer y seguir siendo razonablemente felices pese a ellas.

Pablo se muestra agradecido a la vida y lejos de quejarse de su enfermedad la ve como una oportunidad para “despertar”. Asegura haber experimentado un cambio profundo en su forma de ver la vida y en su escala de valores. Esa nueva filosofía de vida se hace evidente en los posts que publica en su Facebook, los cuales pueden servirnos para aprender a no dramatizar y a pensar de manera racional.

Os dejo una pequeña muestra de las reflexiones que Pablo comparte con todos nosotros:

POST 1

La situación es dura.
Hoy me han hecho una punción en la medula para ver si sigo teniendo leucemia o no. Ha sido bastante doloroso.
No tengo miedo, no tengo miedo a morirme, como voy a tenerlo por este resultado?
Acepto lo que sea y estoy feliz. Si hay leucemia lo acepto y si no también.
Me alegraré mucho si no tengo, pero si sigo con ella no me voy a hundir en la miseria y podría tener motivos para ello.
Cualquiera podría sentirse jodido con que no se haya remitido la enfermedad, que todo se alargue, más quimio, más tiempo, pero lo acepto, de corazón acepto lo que venga, obviamente me provocaría mucha felicidad estar bien, pero acepto lo que venga y a por todas.
Te animo a que valores tu vida y dejes de preocuparte por tonterías!!
Llegar a este punto de aceptación, coraje y valentía no ha venido de la nada.
He sufrido mucho, tanto psicológicamente como físicamente pero eso me ha hecho de titanio.
He tenido mucho miedo, me he querido suicidar, me he hundido, he caído en la más profunda miseria, pero he podido levantarme con un cambio de mentalidad, pero eso, repito, me ha hecho muy fuerte.
Gracias a todo lo malo vivido, pienso como pienso hoy día, y me ha hecho crecer tanto como he podido crecer, me ha hecho expresarme como me expreso, me ha permitido por ayudar a las personas a ver la vida de otro color, solo estoy agradecido. (…)
Decir que el cáncer no es una puta mierda, que una puta mierda es no saber vivir.

POST 2

Resultado de la punción: Tengo leucemia.
La quimio no ha sido todo lo efectiva que debería. Puffff ¿Que putada no?
Pensarás… ¿Por qué se ríe?
No me rio, sonrío!!!
Hay que aceptar lo que venga y como venga, por algo sigo teniendo leucemia.
Realmente lo he aceptado como una buena noticia porque es lo que tiene que ser, es mi camino a recorrer.
Por ejemplo, el año pasado cuando me lo dijeron me hundí en la miseria, pero esta cabecita ha podido crecer.
Entiendo que sea difícil de comprender esto que lees, pero uno elige como tomarse las cosas, la realidad es la que es, ahora tú eliges como tomarte esa realidad.
Me puedo amargar y deprimir o puedo seguir hacia delante con una gran sonrisa, porque este es mi destino.
Compañeros, intentad aplicad esta “filosofía” a vuestra vida, todo será mejor.
Todavía no sé qué va a pasar conmigo, pero lo primero es quitar esta fiebre que me está dejando KO!
Así que a comerse el mundo!!!!!
Esta cuenta de Pablo Ráez no es para dar pena, ni para que dones médula para mí ni para otra cosa que no sea motivar a las personas, ayudar a los demás, intentar dar otra visión de las cosas y concienciar a todos sobre la importancia de la donación tanto de sangre y plaquetas.
Todos tenemos a ese guerrero interior, solo tenéis que encontrarlo.
Gracias de todo corazón a todos los que os estáis animando a donar, es precioso.
Gracias a todos los que me apoyáis día a día, vosotros también sois un gran pilar para seguir adelante.
Espero seguir sirviendo de ayuda a mucha gente.
Gracia de nuevo a todos, un abrazo enorme y a vivir el momento presente y siempre fuerte!!!!!

POST 3

No te atormentes con el futuro, con el mañana, el qué pasará con él y si no vale la pena, pierdes el tiempo de disfrutar del momento presente que es este.
Si empiezo a pensar: No tengo donante, que será de mí, me voy a morir, lo perderé todo, otra vez a las cámaras, otra vez aislado… Lo único que voy a conseguir es amargarme este momento presente que es tan hermoso.
Ahora estoy relajado, respirando, con mi lámpara de sal del Himalaya y estoy en paz, estoy viviendo el momento presente.
Practícalo y medítalo.
Gracias a ti, lector, a la vida, a mi prometida, a todo por esta lección de vida y gracias por darme el lujo de poder ayudar a los demás, realmente es lo mejor que me ha pasado nunca.
Que tengáis dulces sueños.

POST 4

Paz, tranquilidad, momento presente…
No es más.
Me anima tantísimo saber que estoy ayudando a tanta gente a ver la vida de otra manera… Es impresionante que ganas tengo de vivir, de curarme, de salir, ganas de mucho.
Pero no estoy ansioso, acepto lo que venga, es lo que tiene que venir.
Me gustaría haceros reflexionar hoy.
El cáncer no es: una puta mierda, una maldición, nada asqueroso.
El cáncer solo te da la oportunidad de ver la vida como es, saboreando el aire que respiras, saboreando cada alimento que te llevas a la boca, cada beso, cada respiración.
El cáncer trae muerte sí, pero otras cosas traen muerte, alcohol, tabaco, drogas, accidentes, porque tenerle más miedo al cáncer?
Repito la muerte está ahí y todos nos iremos algún día.
Cambiar el mundo es imposible, pero si podemos cambiar cada persona y hacernos conscientes de la realidad.
Puedo morir o no, puede haber un donante para mí o no, puede haber un donante y que me muera por un rechazo, no sabemos nada de lo que pasará. Pase lo que pase será lo correcto.
Si yo me muero no podríais pensar: Pobrecito no se lo merecía, con lo que ha luchado, bla bla bla…. Será mi destino y hay que aceptarlo. La muerte es nuestra gran acompañante, hay que saber vivir con ella.
Si sé que de momento tengo que limpiar la leucemia y que aparezca un donante. Moverse gente, compartid, difundid, haceros donante, informaros en google sobre cómo hacerlo.
No podemos estar pensando en el pasado ni el que pasará, tan solo podemos ver el presente el ahora, ver que solo existe este momento, todo llega, pero solo existe el ahora.

POST 5

IMPORTANTE: También hay que permitirse tener días “malos” o menos buenos. De esos días que no ves luz, color… Como mi día de hoy.
Por ello, siempre fuerte! No es una simple frase.
Aunque decaigas tienes que saber que es temporal, que todo va a pasar, joder no pasa la vida?!?!? Como no va a pasar un momento o día malo. Es bueno permitirse estar mal, valoras mucho más cuando estás bien!
Por ello hay que valorar siempre que estemos bien, ya que significa que no estamos mal!
Siempre sale el sol
Aunque hoy me siento así, y tengo el cuerpo raro, la fiebre ha desaparecido, hace dos días que no tengo , pensé que podía ser de uno de los dos catéter que tengo que estaba infectado y así fue, me han dejado solo una vía, han puesto antibiótico en la otra y la fiebre ha remitido.
Antes de que la fiebre desapareciera tuve u una “fiebre mortal” que pensé que me moría de verdad, estaba medio muerto, me dejó K.O y no he vuelto a tener más, justo al quitarme la vía. Así que muy contento por ello.
Quiero mandar mucha fuerza y animo a todos los enfermos de lo que sea que lo estén pasando mal o a cualquier persona que no esté bien y decirle que todo pasará, mucha fuerza, mucha!!
Que me den las gracias es realmente increíble.
¿Podéis imaginar lo que es que me digan que soy el héroe de alguien? ¿Que he cambiado su vida, su forma de verla?
Jamás pensé en mi vida que yo podría ayudar tanto a las personas.
Puede parecer de coña pero que yo esté pasando por segunda vez una leucemia está ayudando a mucha gente, entonces significa que si no la estuviera pasando no hubiera podido ayudar a la gente ni a concienciarla, por lo que… ¿Tan “injusta” es la vida? No.
Es verdad, nadie se merece esto, pero lo que cada persona recibe o lo acepta o no, esa persona elige.
¿Veis que hay que sacarle a todo el lado positivo? Incluso a veces a mí me cuesta pero hay que hacerlo, siempre fuerte, es real.
Muchísimas gracias por tanto apoyo, de verdad es inmensurable lo abrazado que me siento tanto de cariño como de saber que ayudo.
Gracias, gracias y gracias siempre.

¿MÁS ES MEJOR?

MÁS NO SIEMPRE ES MEJOR

Empezamos haciendo sonar dos palos… Y acabamos creando orquestas sinfónicas.

 Inventamos la rueda… Y al final la utilizamos para correr a 300 por hora.

 Creamos el deporte para pasar el rato… Y hoy es nuestra mayor pasión.

 Querer siempre más es lo que nos hace humanos… Y conseguirlo, algo que nos hace felices.

Este texto forma parte de la última campaña de una conocida compañía telefónica. Una vez más la sociedad, a través de la publicidad, nos intenta trasladar el mensaje: “Más siempre es mejor, por tanto, cuanto más consumas y más cosas tengas, más feliz serás”.

Querer siempre más no nos hace humanos, aunque sí bastante más neuróticos. Si nuestra filosofía de vida se basa en que para ser felices debemos conseguir más y más cosas (materiales o inmateriales), no solo no alcanzaremos la felicidad, sino que cada vez nos sentiremos más insatisfechos, ansiosos y deprimidos. El “más es mejor” nos aleja de la salud mental, sin embargo, la “bastantidad” (necesitar muy poco para ser feliz) nos acerca a ella.

Las orquestas sinfónicas, los coches mega rápidos o las competiciones deportivas, están muy bien, pero la humanidad no los necesita en absoluto. Conseguir este tipo de cosas no nos convierte en humanos y mucho menos nos hace felices. Lo que nos hace humanos es nuestra capacidad de amar y lo que nos hace felices es disfrutar de cosas tan sencillas y divertidas como hacer música con dos palos, inventar algo como la rueda o practicar deporte para pasar el rato.

Es cierto que el progreso y el desarrollo han contribuido a que nuestra vida sea más cómoda, pero estar cómodos no tiene nada que ver con la felicidad, entendida ésta como paz interior o salud mental. Lo que nos hará más felices no es la comodidad, sino darnos cuenta a un nivel muy profundo de que necesitamos muy pocas cosas y saber apreciar las oportunidades de disfrute que tenemos al alcance de la mano.

No obstante, la “bastantidad” no está reñida con el progreso, todo lo contrario. Saber que necesitamos muy poco para sentirnos bien, no implica pasividad ni conformismo, ya que podemos tener una vida realmente activa, es decir, fijarnos grandes metas y estar implicados en multitud de proyectos de todo tipo (sociales, científicos, personales…), que llevaremos a cabo simplemente porque nos apetece y porque nos hacen disfrutar enormemente y no por necesidad. Paradójicamente, esta actitud hace que consigamos mejores resultados que si es la obligación lo que nos mueve.

Prueba de ello es Thomas Edison, quien desde muy pequeño sintió el deseo de ser inventor. Sus padres, conocedores del entusiasmo que su hijo sentía por los inventos, le habilitaron en el sótano de la casa un laboratorio donde el pequeño Edison llevaba a cabo sus experimentos. Cuando llegó a la adolescencia, comenzó a trabajar como telegrafista y buena parte de sus ingresos los destinaba a continuar con su pasión.

De sobra es sabido que hasta llegar a inventar la bombilla, Thomas Edison tuvo cientos y cientos de intentos fallidos, pero él nunca abandonó su propósito porque amaba lo que hacía y disfrutaba intensamente haciéndolo. Si, por el contrario, se hubiera embarcado en ese proyecto motivado por la necesidad de cambiar el mundo, de alcanzar prestigio o de pasar a la historia como un gran genio, es posible que hubiera inventado la bombilla, pero sin disfrutar demasiado del proceso y con una satisfacción poco profunda y muy pasajera cuando lo hubiese conseguido.

En definitiva, si valoramos la paz interior y el amor por la vida por encima de cualquier otra cosa como la comodidad, el progreso, el  éxito, la justicia…, podremos marcarnos ambiciosos objetivos que trataremos de alcanzar con entusiasmo, sin presión y disfrutando del proceso. En cambio, si nos obsesionamos con alcanzar determinadas metas porque creemos que de ello depende nuestra felicidad, perderemos la serenidad con independencia de los resultados que obtengamos.

¿QUÉ ES DISFRUTAR DE LA VIDA?

DISFRUTAR DE LA VIDA

Cuando debatimos cualquier creencia irracional, una de las preguntas que nos tenemos que plantear es: “¿En qué medida eso que considero terrible o insoportable me impide disfrutar de la vida?”

Quizá eso de “disfrutar de la vida” nos parezca algo muy general y poco concreto, por eso para contestar a la pregunta sería conveniente definir qué es disfrutar de la vida, esto no es otra cosa que gozar de manera consciente de todas las pequeñas cosas que nos proporcionan una importante dosis de gratificación. Y también nos resultaría muy útil elaborar una lista en la que detallemos todas esas cosas que nos producen una gran sensación de plenitud.

Hay tres características propias de las cosas que nos hacen sentir un intenso bienestar emocional y que hay que tener en cuenta a la hora de confeccionar la lista:

1-Sencillez: cuanto más sencillas sean mejor.

2-Accesibilidad: que estén al alcance de la mano en casi cualquier momento.

3-Gratuidad: que sean gratis o si cuestan dinero, que sea muy poco.

Siguiendo estos criterios, es preferible incluir en la lista, por ejemplo, pasear por un parque cercano a nuestra casa que viajar a Bali. El paseo es algo sencillo, de fácil acceso y gratis, en cambio, el viaje a Bali no es tan sencillo, no podemos disfrutar de él en cualquier momento y, salvo que alguien nos lo regale, nos costará bastante dinero.

Se trata de afinar nuestros gustos y desgranarlos hasta que nos quedemos con cosas muy sencillitas como contemplar la puesta de sol, dormir una siesta, sentir el aire fresco de la mañana, saborear un café, admirar los colores de la naturaleza, leer un libro, escuchar música, conversar con un amigo, apreciar un cielo estrellado, practicar ejercicio, aprender algo nuevo, tener sexo, etc.

Una vez confeccionada nuestra propia lista, conviene tenerla siempre muy presente y desarrollar el hábito de prestar atención a esas pequeñas cosas y de apreciarlas en profundidad. De esta manera, nos convertiremos en sibaritas de la vida que saben apreciar hasta el más mínimo detalle.

Además, la lista contribuirá a que cada vez que nos sintamos perturbados ante un suceso nos resulte más fácil contestar a la pregunta: “¿Esto me impedirá disfrutar de la vida, es decir, de una puesta de sol, de dormir una siesta, de sentir el aire fresco de la mañana, de saborear un café…?” Así nos daremos cuenta de que hay muy pocas cosas que realmente nos impidan disfrutar de las oportunidades que nos ofrece la vida y, por tanto, que sean verdaderamente terribles o negativas.

Al decirnos a nosotros mismos que algo es terrible, nos volvemos insensibles a todas esas cosas maravillosas porque centramos toda la atención, tiempo y energía en lo horroroso que es eso que nos ocurre. Por tanto, solo el diálogo interno terriblizador será el que nos impedirá disfrutar de la vida, no los hechos en sí mismos.

Las personas emocionalmente más fuertes son aquellas que consideran que apenas existen cosas terribles y que necesitan muy poco para ser felices, además son mucho más sensibles a las pequeñas cosas porque no tienen neuras que les distraigan de las auténticas fuentes de disfrute.

PEDRO Y EL HILO MÁGICO

PEDRO Y EL HILO MAGICOA menudo posponemos el momento de ser felices, ¿por qué? Porque creemos equivocadamente que la felicidad llegará cuando alcancemos todo aquello que ansiamos. Pensamos: “Seré feliz cuando consiga pareja, cuando me case, cuando tenga un hijo, cuando encuentre un trabajo que me guste, cuando gane más dinero, cuando tenga una casa más grande, cuando me recupere de esta enfermedad, cuando me jubile, cuando mi jefe cambie…”.

Así, transcurren los días, los meses y los años, mientras aguardamos el momento en que podamos ser felices y cuando queremos darnos cuenta, la vida llega a su final y no hemos disfrutado de nada.

Yo suelo decir que la felicidad es incondicional, es decir, que no depende de nada de ni nadie, pero en realidad sí hay una condición para ser felices y es tener bien amueblada la cabeza, ser conscientes de que ya tenemos todo para estar bien, porque en definitiva, la felicidad no es otra cosa que valorar el hecho de estar vivos y disfrutar de todo lo que tenemos a nuestro alcance.

No convirtamos nuestra maravillosa existencia en una larga y absurda espera de algo que ya tenemos y aprovechemos para saborear cada instante de vida. Intentemos, además, alcanzar todo aquello que deseamos, pero siempre teniendo muy presente que no lo necesitamos para ser felices.

El cuento de Pedro y el hilo mágico, extraído del libro “El monje que vendió su Ferrari” de Robin S. Sharma, nos ilustra muy claramente todo esto:

Pedro era un niño muy vivaracho. Todos le querían: su familia, sus maestros y sus amigos. Pero tenía una debilidad: era incapaz de vivir el momento. No había aprendido a disfrutar el proceso de la vida. Cuando estaba en el colegio, soñaba con estar jugando fuera. Cuando estaba jugando soñaba con las vacaciones de verano. Pedro estaba todo el día soñando, sin tomarse el tiempo de saborear los momentos especiales de su vida cotidiana.

Una mañana, Pedro estaba caminando por un bosque cercano a su casa. Al rato, decidió sentarse a descansar en un trecho de hierba y al final se quedó dormido. Tras unos minutos de sueño profundo, oyó a alguien gritar su nombre con voz aguda. Al abrir los ojos, se sorprendió de ver una mujer de pie a su lado. Debía de tener unos cien años y sus cabellos blancos como la nieve caían sobre su espalda como una apelmazada manta de lana. En la arrugada mano de la mujer había una pequeña pelota mágica con un agujero en su centro, y del agujero colgaba un largo hilo de oro.

La anciana le dijo: “Pedro, éste es el hilo de tu vida. Si tiras un poco de él, una hora pasará en cuestión de segundos. Y si tiras con todas tus fuerzas, pasarán meses o incluso años en cuestión de días” Pedro estaba muy excitado por este descubrimiento. “¿Podría quedarme la pelota?”, preguntó. La anciana se la entregó.

Al día siguiente en clase, Pedro se sentía inquieto y aburrido. De pronto se acordó de su nuevo juguete. Al tirar un poco del hilo dorado, se encontró en su casa jugando en el jardín.

Consciente del poder del hilo mágico, se canso enseguida de ser un colegial y quiso ser adolescente, pensando en la excitación que esa fase de su vida podría traer consigo. Así tiró una vez más del hilo dorado. De pronto, ya era un adolescente y tenía una bonita amiga llamada Elisa. Pero Pedro no estaba contento. No había aprendido a disfrutar el presente y a explorar las maravillas de cada etapa de su vida. Así que sacó la pelota y volvió a tirar del hilo, y muchos años pasaron en un instante.

Ahora se vio transformado en un hombre adulto. Elisa era su esposa y Pedro estaba rodeado de hijos. Pero Pedro reparó en otra cosa. Su pelo, antes negro como el carbón, había empezado a encanecerse. Y su madre, a la que tanto quería, se había vuelto vieja y frágil. Pero él seguía sin poder vivir el momento. De modo que, una vez más, tiró del hilo mágico y esperó a que se produjeran cambios.

Pedro comprobó que ahora tenía noventa años. Su mata de pelo negro se había vuelto blanca y su bella esposa, vieja también, había muerto unos años atrás. Sus hijos se habían hecho mayores y habían iniciado vidas propias lejos de casa.

Por primera vez en su vida, Pedro comprendió que no había sabido disfrutar de las maravillas de la vida. Nunca había ido a pescar con sus hijos ni paseado con Elisa a la luz de la luna. Nunca había plantado un huerto ni leído aquellos hermosos libros que a su madre le encantaba leer. En cambio, había pasado por la vida a toda prisa, sin pararse a ver todo lo bueno que había en el camino. Pedro se puso muy triste y decidió ir al bosque donde solía pasear de muchacho para aclarar sus ideas y templar su espíritu. Al adentrarse en el bosque, advirtió que los arbolitos de su niñez se habían convertido en robles imponentes.

El bosque mismo era ahora un paraíso natural. Se tumbó en un trecho de hierba y se durmió profundamente. Al cabo de un minuto, oyó una voz que le llamaba. Alzó los ojos y vio que se trataba nada menos que de la anciana que muchos años atrás le había regalado el hilo mágico. “¿Has disfrutado de mi regalo?”, preguntó ella.

Pedro no vaciló en responder: “Al principio fue divertido pero ahora odio esa pelota. La vida me ha pasado sin que me enterase, sin poder disfrutarla. Claro que habría habido momentos tristes y momentos estupendos, pero no he tenido oportunidad de experimentar ninguno de los dos. Me siento vacío por dentro. Me he perdido el don de la vida”.

“Eres un desagradecido, pero igualmente te concederé un último deseo”, dijo la anciana. Pedro pensó unos minutos y luego respondió: “Quisiera volver a ser un niño y vivir otra vez la vida”. Dicho esto se quedó ora vez dormido.

Pedro volvió a oír una voz que le llamaba y abrió los ojos. ¿Quién podría ser ahora?, se preguntó. Cuál no sería su sorpresa cuando vio a su madre de pie a su lado. Tenía un aspecto juvenil, saludable y radiante. Pedro comprendió que la extraña mujer del bosque le había concedido el deseo de volver a su niñez. “Date prisa, Pedro. Duermes demasiado. Tus sueños te harán llegar tarde a la escuela si no te levantas inmediatamente”, le reprendió su madre. Ni que decir tiene que Pedro saltó de la cama al momento y empezó a vivir la vida tal como había esperado.

Conoció muchos momentos buenos, muchas alegrías y triunfos, pero todo empezó cuando tomó la decisión de no sacrificar el presente por el futuro y empezó a vivir el ahora”.

SUGERIR EL CAMBIO

CAMBIOSHace unos días, una amiga me contó que en la agencia de publicidad en la que trabaja, cada año antes de la revisión salarial, todos los miembros de los diferentes departamentos son evaluados por sus jefes correspondientes. Por otro lado, hace cuatro años la dirección general de la empresa implantó la evaluación inversa, que consiste en que cada empleado, de manera anónima, debe evaluar de cero a diez diversos aspectos laborales de su jefe, así como hacer hincapié en aquellos que, a su parecer, son susceptibles de mejora.

En general, la iniciativa fue bien acogida por el personal, ya que, de este modo, todos los empleados sin excepción serían valorados, ya no solo los “curritos” serían sometidos a una valoración, sino que también tendrían que pasar por ese trago los jefes. Y además supondría una excelente oportunidad para que éstos cambiaran algunas cosas con el fin de mejorar la relación laboral.

Mi amiga me contó que su jefe había salido bastante mal parado los cuatro años, de hecho era el peor valorado de todos los directivos. Tanto era así, que cada año la dirección general le exigía que tomara medidas para mejorar su valoración o, de lo contrario, habría consecuencias negativas para él. También me comentó que cuando se acercaba el momento de la valoración anual se le veía preocupado y lo pasaba realmente mal. Él aseguraba querer hacer algo para que sus resultados fueran mejores, sin embargo, año tras año su nota seguía siendo extremadamente baja, por lo que muchos compañeros dudaban de que realmente tuviera intención de mejorar algo.

Por curiosidad, le pregunté a mi amiga cuáles habían sido las sugerencias de cambio que, tanto ella como el resto de sus compañeros, le habían trasladado a su jefe. Me contestó que las propuestas habían sido de todo tipo: convocar más reuniones, no dejar indefinidamente pendientes cosas que prometía hacer, mantener una comunicación más fluida con todos los componentes de su departamento, confiar más en su equipo, no ser tan hiperexigente con él y con los demás, no exagerar la importancia de los errores…

Al saber esto no me sorprendió que este directivo no hubiera realizado los cambios propuestos por su equipo, porque no es difícil, por ejemplo, aumentar el número de reuniones, pero ¿cómo dejar de ser hiperexigente, cómo no terribilizar el hecho de cometer errores, cómo confiar más en su equipo…? Yo no dudo de que el jefe de mi amiga tenga la intención de mejorar esos aspectos, pero es muy probable que no lo haga no porque “pase” (como piensan algunos de sus compañeros), sino simplemente porque no sabe cómo hacerlo.

En mi opinión, la idea que tuvo esta empresa de valorar a sus directivos no es mala pero es incompleta. No debemos suponer que nuestros jefes, nuestros empleados, nuestros hijos, nuestras parejas… han nacido sabiendo hacer las cosas, por muy sencillas que éstas nos parezcan, y que cuando se comportan de manera poco adecuada es siempre por falta de interés o por fastidiarnos, lo más probable es que actúen así por desconocimiento.

Todos y cada uno de nosotros actuamos como mejor sabemos hacerlo, por tanto, si pretendemos conseguir que alguien realice algún tipo de cambio, debemos tener presente que de nada servirán las prop

uestas o sugerencias si no van acompañadas de indicaciones y herramientas útiles para facilitar dicho cambio.

LA MADUREZ INTERIOR

LA MADUREZPodríamos decir que madurar emocionalmente es hallar la fuente interior de bienestar que nos ayuda a vivir de manera más plena y feliz. Pero no confiemos en que el mero paso del tiempo, por sí solo, nos convierta en personas psicológicamente maduras. Envejecimiento y crecimiento personal no tienen por qué ir necesariamente de la mano, es decir, no cabe esperar que una persona joven deje de ser neurótica simplemente porque vaya cumpliendo años. Lo más probable es que continúe siendo igual de neurótica (o incluso más) cuando llegue a la vejez, ya que cada vez se arraigarán más sus neuras.

Es cierto que a medida que nos hacemos mayores, vamos acumulando más conocimientos y experiencias. Sin embargo, los conocimientos no aportan sabiduría, solo cultura, y las experiencias únicamente nos servirán para crecer y fortalecernos si las empleamos como instrumentos para ello. Más que la cantidad de experiencias que vivamos, lo verdaderamente relevante es lo que hagamos con ellas. De nosotros depende ver en cada situación, en cada obstáculo y en cada acontecimiento, un maestro que nos guíe en el camino hacia la madurez.

A continuación detallo algunas características propias de las personas emocionalmente fuertes y maduras:

-Se aceptan incondicionalmente a sí mismas como seres imperfectos, aunque eso no quiere decir que no deseen mejorar en algunos aspectos, pero no lo harán porque lo consideren una necesidad imperiosa ni por lograr desesperadamente la aprobación de los demás.

-Se tratan bien a sí mismas, es decir, no se autodesprecian  ni se autocompadecen ni se culpabilizan.

-Aceptan a los demás incondicionalmente, comprenden que todos fallamos y que no es preciso ser tratados con consideración y respeto todo el tiempo.

-Otorgan a todos los seres humanos exactamente el mismo valor.

-No se enrabietan cuando las cosas no salen como les gustaría. Aceptan el mundo tal cual es y después, desde la serenidad, trabajan para cambiar aquellas cosas que nos les agradan y que están en su mano cambiar.

-Fluyen con la vida porque aceptan que tanto la incertidumbre como la impermanencia forman parte de la existencia.

-Apenas se alteran emocionalmente, solo en contadas ocasiones puede experimentar ansiedad, estrés, depresión, ira, odio, vergüenza, culpa…, pero no suelen perturbarse por sentirse mal.

-Se responsabilizan de su estado emocional y no culpan ni a los demás ni al mundo cuando sienten malestar.

-Les invade una casi permanente alegría de vivir.

-Son capaces de disfrutar con entusiasmo, en libertad y sin miedo de todo lo que les brinda la vida.

-Gozan intensamente y sin dependencia emocional de sus relaciones con los demás.

-No les asusta ni la soledad ni el aburrimiento, de hecho, disfrutan enormemente de los momentos en los que se encuentran solos sin hacer nada, porque apaciguan la mente, descansan el cuerpo y estimulan la creatividad.

-Carecen de necesidades inventadas o exigencias, sin embargo suelen tener muchos deseos, intereses y proyectos.

-Evalúan correctamente todo lo que les sucede, por lo tanto, no exageran negativamente las adversidades que se les presentan y las afrontan de manera constructiva.

-Lejos de castigarse por cometer errores, encuentran en ellos excelentes oportunidades de crecimiento.

-Aprecian y agradecen todo lo que tienen en su vida, y no pierden ni tiempo ni energía en lamentarse por lo que no tienen.

-Se ocupan de las cosas, pero rara vez se preocupan por ellas.

-Su escala de valores está encabezada por el amor a la vida y a los demás.

-Se centran en el momento presente y no se atormentan por lo que ocurrió en el pasado ni se preocupan por lo que sucederá en el futuro.

-Saben que la felicidad está en el aquí y el ahora, no en el futuro cuando consigan lo que desean.

-Se sienten en armonía con la naturaleza, aprecian todo aquello que la integra y son conscientes de que forman parte de ella.